¿Cerebros viejos?

¿Envejecen los cerebros? ¿Perdemos capacidades cognitivas con el paso de los años? ¿Ganamos experiencia y sabiduría?

Todas estas cuestiones las trataremos en el siguiente artículo. Intentaremos explicaros mediante un lenguaje ameno y sencillo (ya lo comprobaréis), cómo y de qué forma el ser humano, y, sobre todo su cerebro va transformándose a través del tiempo.

Porque claro, pensad, que al igual que nuestra apariencia física va alterándose y sufriendo cambios constantemente desde que éramos pequeños hasta que nos convertimos en abuelos, de esa misma manera, nuestro interior, el que no se nos muestra en apariencia, también va “contagiándose” de esos mismos cambios. Por lo que, si aplicamos esa misma regla de tres, deberíamos concluir que nuestro cerebro no iba a ser inmutable, ni mucho menos.

Pero bueno, eso tampoco tendría que significar que todo sea negativo, ni mucho menos. Como ya dijeron algunos ilustres filósofos clásicos mucho antes de nuestra era, “la vida es cambio”, el mundo está cambiando constantemente. Las cosas mutan de una forma a otra: es la mutación del tiempo lo que genera vida y movimiento (más o menos, quizás con otras palabras, pero el significado es éste, creedme).

Pues bueno, ya veréis, tal y cómo os contaré a continuación, que de todo hay un poco. O dicho de otra forma: “que ni chicha ni limoná”.

Empezamos, si os parece.

¿Sabéis que, en palabras de algunos científicos expertos en la materia, a partir de los 40 años de edad el ser humano empieza algo así como un cierto declive?

¿Cómo pierde eficiencia el cerebro?

Me explico: resulta que el cerebro humano consigue su mayor maduración en cuanto a capacidad cognitiva entre la década de los 20 a 30 años. A partir de aquí, se produce el “descenso”. Y, ¿esto qué significa exactamente?, pues significa, queridos amigos, que nuestra eficiencia en términos cognitivos ya no da más de sí. Sí, sí, significa que  a partir de aquí empieza la carrera contra los efectos de ese terrible contrincante: el inexorable paso del tiempo.

Y, ¿cómo se concreta esta falta de eficiencia? Bueno, pues intentaré explicároslo de la mejor manera posible para que no resulte muy pesada su lectura.

Parece ser que con el paso de los años nuestra capacidad para detectar y procesar nueva información es más “lenta” que cuando éramos más jóvenes, sobre todo a partir de los 40 años. La velocidad de procesamiento de nueva información se reduce, al igual que se reduce nuestra memoria de trabajo (cerebral), y también nuestra capacidad para tareas de razonamiento es una de las áreas que se ve más afectada.

Del mismo modo, mientras va transcurriendo el tiempo nuestra velocidad de cálculo y lectura se ralentiza, al igual que aumentan los olvidos y las pérdidas de atención y concentración. En definitiva nuestra capacidad de aprendizaje sufre – cómo lo podríamos decir- un ligero “revés”. Pero, no os preocupéis por todo lo que os estoy diciendo, ya que más adelante descubriréis que ganamos capacidad en otros aspectos. “Don’t worry”, que dentro de poco os lo explico.

Mientras tanto os sigo explicando un poco más sobre el tema.

Pues, como íbamos diciendo, otro de los cambios asociados al hecho de ir cumpliendo años tiene que ver más con aspectos de carácter “anatómico”. Es decir, que aunque nosotros, a simple vista, no podemos apreciar estos cambios, resulta que a nivel interno, en nuestro cerebro, las cosas están cambiando. Y os preguntaréis, ¿pero, qué es lo que está cambiando?

Pues veréis, al igual que nosotros envejecemos, también lo hace nuestro cerebro, el cual va cambiando de forma y tamaño. Resulta que el cerebro va sufriendo una pérdida de un dos por ciento, aproximadamente por cada década, en cuanto a volumen y peso. Con lo cual, esta disminución afecta tanto a la reducción de la famosa “materia gris” (neuronas), como también a la materia blanca (axones).

No obstante, no todo se traduce en pérdidas. A ver, parece ser que los últimos estudios científicos avalan que no perdemos neuronas, como antes se creía, sino que las neuronas de gran tamaño van siendo sustituidas por neuronas más pequeñas, el problema es que con estas neuronas más pequeñas el número de sinapsis (relaciones entre neuronas, por decirlo de alguna manera), que se establecen entre ellas es menor.

Pero bueno, como íbamos diciendo no todo es negativo. Ahora os voy a dar una buena alegría. Sí, claro, hasta yo me estaba preocupando de tanta pérdida en detrimento nuestro. ¡Pues no!, no todo iba a ser así.

La experiencia produce sabiduría

¿Conocéis el dicho, “la experiencia es un grado”?, ¿sí?, ¿no? Bueno, pues si no lo sabíais, la experiencia nos otorga una cierta sabiduría con la que podemos manejarnos por la vida. Esta sabiduría, en cierta medida, repara las pérdidas sufridas por otras capacidades cognitivas. Me explico:

La sabiduría sería el resultado de integrar en el cerebro todos esos conocimientos y aprendizajes conseguidos a través de la experiencia, para que de una forma eficiente sepamos cómo manejarnos en el mundo, vamos, cómo lidiar con él. Todo esto es posible porque hay una serie de capacidades que vamos mejorando con el tiempo. El vocabulario es una de ellas, cuanto más años tenemos más vocabulario adquirimos, y lo mismo sucede con el conocimiento en general acerca del mundo, por otro lado es lógico, cuanto más años vivimos pues más cosas sabemos.

Otro de los aspectos importantes a tener en cuenta es nuestra capacidad de resolución creativa ante las contingencias que el día a día nos va presentando. Es aquí donde nuestra sabiduría entra en acción y ejerce todo su dominio.

Por otro lado, otro de los pilares fundamentales sobre el que se asienta nuestro cerebro es su plasticidad. Sí, lo han leído bien, plasticidad cerebral. El ser humano se mantiene vivo y en perfectas facultades gracias a la plasticidad de su cerebro. El cual es capaz de adaptarse en pro de su supervivencia.

Estudios científicos avalan que la plasticidad del cerebro se mantiene durante toda la vida. Esta plasticidad permite corregir deficiencias entre las diferentes áreas cerebrales. Supongo que la mayoría de vosotros habéis oído hablar alguna vez sobre los dos hemisferios cerebrales, y las competencias que rigen cada uno de ellos. Pues bien, la plasticidad cerebral permite transferir o compensar las deficiencias que ocurren en un hemisferio a otro. Parece increíble, pero sucede de esa manera.

Del mismo modo, la plasticidad cerebral se va adecuando a nuestra experiencia práctica con el mundo. Un ejemplo de ello serían los músicos, en este caso, debido a su actividad profesional o artística, está demostrado que la corteza auditiva de los músicos está mucho más desarrollada que en cualquier otra persona perteneciente a otro ámbito.

Todo ello nos lleva a deducir, por un lado que la práctica de unas determinadas actividades incrementa a lo largo del tiempo la facilidad de aprendizaje de esas actividades, mientras que  por el contrario, la falta de esta práctica conlleva también la pérdida de esos aprendizajes. Debemos añadir, no obstante, que aun así, el conocimiento y el aprendizaje a determinadas edades carecen de la eficiencia cognitiva de cuando se tienen menos años.

Pero bueno, como conclusión de todo lo que hemos plasmado hasta aquí, podemos aventurar que con la suma de los años no todo está perdido. Ni mucho menos.

¿Qué con los años perdemos agilidad mental?, vale, y ¿qué?, también adquirimos más experiencia y sabiduría, que no es poco. Y, si queremos seguir manteniendo esta sabiduría solo debemos aplicarnos el cuento y seguir practicando y aprendiendo. ¿Vale?, pues venga, ¡a ello!