Comer en Vidrá provincia de Girona

Vidrà es una pequeñísima población de montaña ubicada en la provincia de Girona, se trata de una población limítrofe con Barcelona, a los pies de la sierra de Milany-Santa Magdalena y Puigsacalm-Bellmunt.

Para llegar a Vidrà puedes hacerlo desde otra de las poblaciones más reconocidas de la zona, nos referimos a Sant Quirze de Besora, desde donde deberás tomar la bonita y revirada carretera de curvas BV-5227 en dirección a Vidrà.

En este pequeño pueblo, de ambiente 100% rural, encontrarás escasos lugares para rehabituallarte o descansar, tan sólo dispone de un único bar y un único restaurante que además hará las funciones de hostal.

Para comer, del bar mejor prescindir, no por nada en concreto si no porque no hacen comidas, al menos cuando estuvimos allí que era en un sábado, y es que ni siquiera tampoco hacían bocadillos calientes, así que tomamos rumbo al restaurante, este restaurante es a su vez el hostal del pueblo, su nombre, el Hostal Serrasolsas.

El hostal dispone de una estrecha entrada que te llevará hasta la recepción donde hay una pequeña zona de bar donde tomar un café, a su izquierda llegas a una amplia sala comedor, no reparé en contar las mesas pero si que debe contar con una cabida más grande de la que puedes calcular desde fuera con la simple contemplación del edificio.

El restaurante Serrasolsas, objetivo de este artículo, te ofrece en sábado dos tipos de menú.

Por un lado encontrarás un menú económico por unos 13 euros que es de los del tipo cantado, es decir no existe carta y el camarero o camarera te lo recitarán de viva voz y del tirón, resultando un menú bastante sencillo, a lo sumo ensalada, sopa y carne, pero personalmente a mi esos menús cantados nunca me acabaron de hacerme sentir cómodo, como a muchos, cuando no conoces un restaurante necesito algo de tiempo para decidir que tomar y al ser cantado debes memorizar, elegir y pronunciarte en un corto espacio de tiempo.

El otro menú, por el que optamos, no por su contenido si no por poder decidir más cómodamente, resultaba algo más sofisticado, es lo que viene a ser un menú del tipo de fin de semana, y como cualquier otro menú que se precie podrás leerlo por escrito para tomar una más acertada decisión sobre el que comer, dicho menú de fin de semana ronda los 18 euros.

Debo decirte que ambos menús no son menús copiosos, la cantidad cumple, pero como en casi todo, si te lo comes todo quedarás la más de bien.

Además  de ambos menús encontrarás la carta del local par poder seleccionar los platos a tu libre antojo.

A destacar del menú de 18 euros la excelente sopa de caldo con pelotillas. Una sopa  servida en un cuenco de diseño antiguo. Esos días las temperaturas habían bajado de forma acusada, inclusive había nevado durante dos o tres noches por la zona así que resulto una que entró de forma vigorizante en el cuerpo, eliminando cualquier resto de frío.

También es destacable la ensalada de primer plato, que cuenta con las famosas patatas rellenas de carne típicas de la zona, en especial, típicas de Olot y que entraba del menú de 18 euros. Se trata de una ensalada muy completa en cuanto a variedad aunque algo escasa en cuanto a cantidades, la disposición de los elementos que la conforman en el plato aunque bonita le restan generosidad al plato, la puedes ver en la foto que encabeza este artículo.

Llegamos a los segundos platos, los principales, y fue allí donde disfrutamos de unas excelentes costillas de cordero con alcachofas a la brasa, todo acompañado por unas ricas patatas de corte natural, nada de patatas congeladas.

El sabor de las costillas era muy bueno, quizá el plato algo corto pues contaba con tan sólo tres trozos, siendo dos de ellos costillas y ya sabemos que las costillas de cordero poca carne llevan, aunque esta sea tan rica y preciada.

El otro segundo plato que probamos fue quizá el mejor de todo el menú, una ternera en salsa acompañada de setas, en concreto del tipo que localmente llaman las gírgolas que estaba riquísima, tanto por su salsa como por la ternura de su carne. Quizá algo aceitosa para los más puristas pero el sabor se merecía tal cantidad de aceite.

Tras comer en el restaurante decidimos no deshacer el camino y volver por el Camí de Ciuret, y menuda sorpresa con dicho camino, bonito y entrañable.

El camino de Ciuret es una  carretera asfaltada muy estrecha, tanto que no cuenta con mediana ni marcaje alguno y en la que no caben dos coches circulando en sentido contrario. Si te cruzas con un vehículo de cara deberás retroceder hasta algún lugar donde el camino sea más ancho o en el que puedas apartarte un poco para dejar pasar al que viene en sentido contrario. Es una carretera de curvas lentas, muy lentas, sin apenas visibilidad pero que transcurre por paisajes que merecen y mucho la pena visitar. Nosotros nos encontramos ambos márgenes de la carretera completamente nevados en la cima de la carretera.

Por el otro lado de Vidrà tienes la población de Sant Privar d’en Bas, y el trayecto en coche te llevará una hora aproximadamente.