Dónde comer en Girona: Restaurante Llevataps

En la foto una ración cilíndrica del postre de mouse de chocolate con jengibre servido sobre una tabla de pizarra negra

Espectacular mouse de chocolate de postre

Girona es una de las ciudades más bonitas de Cataluña, una ciudad con un casco histórico que rezuma historias y leyendas y que cuenta con muchos interesantes rincones por los que perderse.

A la ciudad de Girona le deberás dedicar no menos de una mañana entera o ¿por qué no? mejor pasar en ella y deambular durante todo un día dejándote empapar de la magia de este lugar.

Claro que si se trata de pasar todo el día, lo mejor es saber dónde comer en Girona, porque la oferta es basta. Nosotros en tiroriro.com te contamos dónde lo hicimos nosotros, una opción más para comer en la ciudad catalana que te puede resultar de lo más interesante.

El restaurante Llevataps está ubicado en el centro de Girona capital, justo en la parte baja de la ciudad desde donde a escasos metros parte una famosa y estrecha calle peatonal que sube y sube por el fabuloso barrio judío que atesora esta bonita ciudad.

El ascenso desde el restaurante LLevataps sito en la Plaça de l,Oliva por la empedrada calle «El carrer de la Força» te llevará justo delante de la mismísima e impresionante catedral de Girona. Una vez allí no podrás dejar de contemplar durante unos buenos minutos su interminable escalinata de piedra, un enclave espectacular.

Esta ruta, obligada, hasta la catedral la podrás hacer antes o después de comer, obviamente si la ruta la haces antes de la hora de comer deberás o bien deshacer tus pasos desde la bonita catedral por la misma calle de la Força o bien, ir a buscar la parte baja una vez pasada la catedral e ir por el llano, en estas calles no peatonales, donde la oferta de tiendas nuevas y viejos comercios de toda la vida resultará también muy pero que muy entretenida.

Incluso si te atreves, ¿cómo no? podrás cruzar el río Onyar que divide la ciudad de Girona en dos, aislando el casco histórico del resto de la ciudad, por algunos de sus emblemáticos puentes como el bonito puente de color rojo. Tras cruzarlo podrás llegar a una zona comercial muy animada, con una gran plaza rodeada de grandes arcadas que dan cobijo a multitud de restaurantes.

El río que divide Girona

Imagen de una de las entradas a los salones del Llevataps

El interior del restaurant Llevataps

Si bien, antes de cruzar al otro lado del río, paremos un poco a contemplar este bonito puente, su nombre actual es el «Pont de les peixeteries velles«, nombre que traducido sería «El puente de las pescaderías viejas».

Ese es un nombre dado porque sobre dicho puente, antaño, se hacían las funciones propias de una lonja del pescado y como tal, muchos pescadores vendían sobre dicho puente sus productos.

Además la historia nos cuenta que el puente también se llamó el «pont de les palanques vermelles», en 1737 una gran riada acabado con el puente y se debió reconstruir, duró tan sólo un año y se volvió a reconstruir y reforzar varias veces a lo largo de la historia.

Su forma actual, mucho más robusta que las anteriores, es fruto de varias reconstrucciones y llegó en 1877, con un puente más o menos tal y como lo puedes contemplar hoy.

Si te paras en su interior y miras a través de sus formas ¡alto! esa estructura metálica…¿no te inspira nada? este es un puente diseñado por Gustave Eiffel, o mejor dicho, por su empresa Eiffel et Cie, los creadores de la famosísima Torre Eiffel que corona París.

El viaje hasta Girona y el aparcamiento

En la foto dos rollitos crujientes, uno encima del otro, rellenos de papillote de salmón

Papillote de salmón crujiente

En un lunes de semana santa, un día laboral, nos acercamos a Girona tras haber estado unos días en Francia.

Llegamos a mediodía, podríamos haber llegado antes, pero huimos de coger la rápida pero aburrida autopista y optamos por carreteras comarcales desde donde es más fácil disfrutar de los paisajes de la bonita estación de primavera.

El viaje fue plácido, verde, verde y muy contemplativo.

Una vez en la ciudad, encontrar aparcamiento cercano al casco histórico de Girona no es en absoluto fácil así que precisamos de algo más de media hora extra para poder aparcar, lo hicimos, con bastante suerte y tras no menos de dos o tres intentonas en unos grandes aparcamientos al aire libre, sin techo, que están ubicados bajo la catedral.

Desde el coche nos dirigimos hacia la zona céntrica, es un agradable paseo que no te llevará más de 10 minutos para llegar al casco histórico. Una vez allí te será sumamente fácil perder la mirada por las empedradas piedras, los antiguos edificios y la gran oferta comercial de restaurantes, tiendas de ropa, pastelerías y mucho pero que mucho comercio puede resultar un auténtico placer.

¿Dónde comer en Girona?

La verdad es que la oferta gastronómica de la ciudad de Girona es muy amplia, sobretodo en el casco viejo donde tienes restaurantes de casi cualquier tipo de cocina y donde los precios oscilan entre los 12 y los 20 euros al menú, si vas de carta, prepara más, bastante más.

En la zona plana del casco histórico encontrarás el Llevataps, del que te hablaremos en este artículo, pero también encontrarás muchos otros. Sobretodo en la bonita plaça de l’Independència, lugar donde hay muchos restaurantes en alguna de las arcadas que rodean por completo dicha plaza.

El interior del restaurante Llevataps en Girona

En la foto un plato con una pequeña porción de merluza con salsa de yogurt

Merluza con salsa de yogurt y espárragos

El restaurante Llevataps los descubrimos, como en otras muchas ocasiones, por instinto. Es bastante grande aunque su configuración no es muy óptima pues llegué a contar hasta 4 salas diferentes no excesivamente grandes.

Casi todas sus salas cuentan o bien con ventanas o con grandes superficies acristaladas que van del suelo hasta el techo, y estas dan a la calle, es decir, es de esos restaurantes donde tu comida puede pasar a ser considerada «escaparatismo»… si esto te incomoda creo que este no será tu restaurante, ojo, ni este ni otros muchos que optan por esta «exposición» de los comensales ante los turistas.

El inmueble hace esquina y tiene salas visibles desde el exterior en ambos lados. Una vez franqueada la pesada puerta de acceso de hierro, estarás ya en su interior, en una primera sala con unas 10-12 mesas, no paré tiempo a contarlas con precisió, ya que una metre de joven edad nos acompañó rápidamente hacia su interior para acomodarnos en una de sus últimas salas, creo haber contado en el recorrido hasta cuatro estancias en su totalidad, todas medianas, siendo la más grande la estancia final, donde comimos y donde se apreciaban un par de mesas grandes para unos 6 u 8 comensales y unas 4 de dos.

El interior del restaurante Llevataps varía dependiendo de la sala que te toque pero en su conjunto destaca por su decoración, con muy buen gusto. Comimos en una sala que contaba con ese estilo que se lleva tanto ahora y que fusiona elegantemente cierto estilo industrial con una carta eminentemente creativa. En él teníamos desde lámparas desnudas que surgen de la pared suspendidas bajo largos brazos metálicos y coronadas por enormes bombillas redondas de filamentos incandescentes que nos transporta a tiempos pretéritos. En su puerta de acceso podemos encontrar un enorme marco falso en las puertas pintado de un preciosista azul mediterráneo, mesas de mediano tamaño con sillas de madera con reposabrazos donde siempre una de estas sillas es de un vivo color, azul, naranja y el resto de sillas en color madera

El menú del restaurante Llevataps en Girona

En la foto el magret de pato que me sirvieron y que estaba falto de sabor

Magret de pato con texturas de manzana

El precio de su menú de 15,50 euros IVA incluido, está más o menos acorde con la del resto de restaurante de la zona. Como viene siendo habitual, su menú sólo funciona entre semana, concretamente de martes a viernes no festivos. Los lunes cierran.

El menú del Llevataps está compuesto por dos platos y un postre, además de pan, muy escaso, tan sólo dos rodajas, una copa de vino, o agua del grifo, que ellos ingeniosamente denominan en su carta como agua de kilómetro 0.

Su oferta de platos en el menú de es bastante escasa pues tan sólo tendrás tres primeros donde elegir y cuatro segundos.

Para el primero teníamos tres propuestas, un papillote de salmón con salsa de soja y verduritas, que fue el plato que acertadamente me pedí y donde me encontré con un delicioso sabor, se trata de un plato rico en matices, con una cubierta crujiente con el punto de aceite perfecto y que es de muy correcta ración, dos crujientes canalones y con una excelente presentación al plato, servido bajo una tabla de pizarra negra. Además del rico papillote, ese día teníamos en el menú teníamos vichyssoise y un plato de pasta, orequetti con salsa carbonara.

El segundo plato bajó la calidad muchos enteros, y es que habían empezado también con el excelente papillote que fue una desilusión comerse una pieza de magret de pato prácticamente sin sabor, tras el primer bocado pude pensar que quizá la ausencia de algún tipo de salsa desmerecía el plato, pero no, aunque se echaba en falta, aquí el problema era el pato, un pato sin apenas sabor, ni duro ni blando, cortado claramente demasiado grueso.

Mi acompañante se pidió merluza con yogur de romero y espárragos verdes, y aunque la salsa era excelente, la materia prima, en este caso, el pescado, no estuvo tampoco a la altura.

Quedaron por probar para el segundo el risotto de ceps y espárragos, que lo oí mencionar a una de las camareras como plato recomendado, aunque tras verlo en una mesa adyacente me pareció quizá demasiado apelotonado. Tampoco probamos las costillas de cerdo con patatas especiales.

Llegamos a los postres donde pedimos un excelente mousse de chocolate con crema de jengibre que recuperó parte de la ilusión perdida con esos segundos platos sin apenas sabor.

Desde luego, repetiremos aunque sea tan sólo para saber y contrastar si tan sólo fue un día malo para la materia prima de nuestros segundos platos o fue una mala elección de plato.

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