El empirismo de John Locke

En este artículo nos hemos propuesto hacer una pequeña presentación del filósofo inglés John Locke, con el objetivo de introducir aquellas ideas o conceptos principales que configuran su teoría filosófica.

Hemos titulado el artículo como “El empirismo de John Locke”, porque queremos resaltar la importancia que la corriente filosófica empirista tuvo en la obra de este pensador. Aunque, si os parece, antes de abordar el contenido filosófico de este autor, os contaremos algunos aspectos biográficos de su vida.

John Locke fue un filósofo que vivió entre el 1632 y el 1704. Nació en Wrington (Inglaterra) justo el mismo año en que lo hizo Spinoza. Locke vivió en unos años donde el contexto intellectual y político de la época era de una gran agitación tanto en Inglaterra como en el resto de Europa.

Ejerció de médico aunque no tenía los estudios de medicina finalizados. A mediados de su vida entró a trabajar en la casa del Lord Ashley Cooper, futuro conde de Shaftesbury, fundador del partido liberal.

Después de algunos viajes por Francia y, de haber estado exiliado en Holanda durante un largo tiempo por motivos políticos, regresó a Inglaterra una vez la “Gloriosa revolución” triunfó y se instauró la monarquía institucional en el país.

Mientras John Locke permaneció en Holanda escribió sus obras más conocidas: Dos tratados sobre el gobierno civil (el cual pertenece a la teoría política) y, Ensayo sobre el entendimiento humano (relativo a la teoría del conocimiento), ambas obras fueron publicadas en 1690.

Racionalismo versus Empirismo

Una vez hecha la pequeña presentación que os comentábamos, ahora sí, queremos explicaros de forma muy resumida cuatro conceptos básicos de la teoría lockeana. Antes de ello, por eso, os mostraremos las diferencias que existen entre las corrientes racionalistas y empiristas. Así que, ahí va: Racionalismo versus Empirismo.

El racionalismo nació en el siglo XVII de la mano de Descartes, seguido más tarde por filósofos como Spinoza y Leibniz. El racionalismo defiende básicamente la autosuficiencia de la razón como fuente de conocimiento. Esta teoría significa una ruptura radical con la concepción filosófica medieval que subordinaba la razón a la fe. Con el racionalismo la razón se convierte en un ente autónomo y suficiente. Toda verdad tiene que ser racional.

El racionalismo también defiende las ideas innatas o el innatismo. Se considera que el ser humano nace con ideas innatas que se van desarrollando con nosotros. Estas ideas, las innatas, son universales y, además actúan como fundamentación de cualquier conocimiento.

Del mismo modo, el racionalismo adopta las matemáticas como modelo de ciencia porque considera que mediante el cálculo podemos obtener una imagen del mundo objetiva y reducible a fórmulas que la razón puede comprender.

Por otro lado, el empirismo defiende el conocimiento como algo obtenido únicamente a través de la experiencia; es decir, la experiencia es la condición que posibilita el conocimiento. John Locke propone el principio de “tabula rasa”, a través de la cual la mente sería algo así como una pizarra en blanco, vacía, donde no hay ningún tipo de conocimiento a priori, es decir, sería como afirmar que no existe nada antes de la experiencia.

Los empiristas no niegan la razón, sino más bien el contrario, lo que ellos pretenden es analizar el cómo se origina la razón. Consideran que sin razón no habría ningún tipo de conocimiento. Los empiristas afirman que la razón y el conocimiento se traducen a partir de la experiencia sensible.

Para los empiristas, el origen del conocimiento está en la experiencia, sin esta la mente estaría en blanco. El empirismo asegura que todo conocimiento humano deriva de la experiencia; la verdad del mundo, de todas las cosas, se obtiene de la experiencia. La mente simplemente re-elabora en forma de ideas la información que proviene de los sentidos.

Junto con John Locke, los otros dos empiristas más importantes fueron George Berkeley y David Hume. Aun así hay que reconocer que Hume fue el filósofo empirista y escéptico más radical de los tres.

Para Locke (como para el empirismo posterior), la teoría del conocimiento no es una finalidad en ella misma sino una herramienta de comprensión. Es un instrumento que tiene como función la clarificación del problema de la relación entre los humanos y el mundo físico. La función de la teoría del conocimiento es preventiva y terapéutica, no se ocupa de cómo es la realidad, sino de cómo la conocemos.

Del mismo modo, pensad que si nuestra fuente de conocimiento proviene de la experiencia (sea interna o externa), nuestro conocimiento está triplemente limitado, tanto en su génésis como en su extensión o certeza.

Génesis, porque el conocimiento nunca es innato, siempre se origina en la experiencia. Extensión, porque el conocimiento no puede ir más allá de lo que nuestra experiencia nos permite conocer. Certeza, porque solo podemos poseer certeza sobre aquello que está dentro de los límites de la experiencia.

El concepto de sustancia según Locke

Por otro lado, otro de los temas principales que configura la teoría lockeana es el concepto de sustancia en relación a la teoría aristotélica y, sobre todo a la sustancia cartesiana.

La sustancia es un concepto metafísico que nos puede servir para describir cosas materiales: la sustancia de una rosa, de un cisne, del agua, mientras que por otro lado, también nos sirve para hablar de objetos menos tangibles, como podría ser la idea de Dios, considerado como una sustancia tanto para los cartesianos como para los escolásticos y otras corrientes filosóficas.

Por lo tanto, analizar el concepto de sustancia es fundamental si queremos comprender cuál es el origen y la validez de nuestro conocimiento.

En la tradición aristotélica, la sustancia es un concepto simple que designa la realidad profunda y primaria. Con la sustancia definimos aquello que una cosa es en ella misma. Así, por ejemplo, podríamos definir que el ser humano es un «animal racional».

Los cartesianos defendían un punto de vista cercano al de los aristotélicos. Para ellos la materia y la mente se fundamentan en dos sustancias simples: la extensión y el pensamiento respectivamente, donde ambas son evidentes por sí mismas.

Para John Locke la sustancia es una idea compleja, elaborada por la mente a partir de una serie de cualidades o ideas simples. Por ejemplo, cuando percibimos una rosa lo que nos llega es su forma, su color, la fragancia…, pero el problema es que no hay manera de explicar como estos elementos simples (corpusculares) o cualidades observables, mantienen una cohesión entre sí.

El cómo se «fijan» los diversos accidentes (la forma, el color, el olor…) en la sustancia es algo que Locke no pudo explicar, por ese motivo Locke acabó diciendo que la sustancia es «un no sabemos qué».

En un próximo artículo acabaremos de explicar en qué consiste la teoría del conocimiento: qué se considera una idea simple, qué es una idea compleja y, cómo la combinación de ambas construyen el conocimiento.