El humanismo de Sartre

El humanismo de Sartre
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Como en otras ocasiones anteriores, en este post hemos extraído unos cuantos párrafos de una de las obras más célebres del filósofo existencialista francés, Jean Paul Sartre.

El existencialismo es un humanismo procede de una conferencia que Sartre presentó en el club Maintenant el 29 de octubre de 1945. Dicho texto, apenas retocado por el autor, se publicó al año siguiente por la editorial francesa Éditions Nagel.

Jean Paul Sartre nació en 1905 en París, y a la edad de 74 años, en 1980, falleció en la misma ciudad que le vio nacer. Hombre polifacético donde los hubiera, se le considera, aparte de filósofo como un gran escritor (La náusea, 1938, o Los caminos de la libertad, 1945-49), dramaturgo, crítico literario y activista político.

El Ser y la Nada (1943) y El existencialismo es un humanismo (1946), son dos de sus grandes creaciones filosóficas donde expone su concepción teórica sobre la existencia del ser humano en el mundo.

Entre sus aficiones, como gran representante de los importantes acontecimientos que le tocaron vivir en su época, también dirigió obras como Les Temps Modernes, La Cause de peuple y Libération.

Una anécdota interesante de la vida de este autor está relacionada con el Premio Nobel de Literatura otorgado en 1964, el cual Sartre rechazó.

Del mismo modo, aunque nos gustaría ir desgranando las vicisitudes de este célebre personaje (cosa que intentaremos hacer en otro momento), ahora mismo os dejamos con los fragmentos de uno de sus escritos más conocidos, para que de esa manera, -si os apetece- os iniciéis en la obra de este singular filósofo según la visión del humanismo de Sartre.

El existencialismo es un humanismo

‘Quisiera defender aquí el existencialismo de una serie de reproches que se le han dirigido.

En primer lugar, se le ha reprochado invitar a la gente a permanecer en un quietismo de desesperación, porque si todas las soluciones están cerradas, habría que considerar que la acción en este mundo es totalmente imposible, y también desembocar finalmente en una filosofía contemplativa, lo que además, dado que la contemplación es un lujo, nos conduce a una filosofía burguesa. Estos son sobre todo los reproches de los comunistas.

Se nos ha reprochado, por otra parte, hacer hincapié en la ignominia humana, de mostrar en todas las cosas lo sórdido, lo turbio, lo viscoso, y de desatender un cierto número de alegres esplendores, al lado luminoso de la naturaleza humana; por ejemplo, según Mlle. Mercier, crítica católica, hemos olvidado la sonrisa del niño. Los unos y los otros nos reprochan haber faltado a la solidaridad humana, considerar que el hombre está aislado, en gran parte, además, porque partimos –dicen los comunistas-de la subjetividad pura, es decir del yo pienso cartesiano, y más aún del momento en que el hombre se capta en su soledad, lo que, en consecuencia, nos haría incapaces de volver a la solidaridad con los hombres que están fuera del yo, y que no puedo captar en el cogito.

Y del lado cristiano, se nos reprocha que negamos la realidad y la seriedad de las empresas humanas, puesto que si suprimimos los mandamientos de Dios y los valores inscritos en la eternidad, solo queda la estricta gratuidad, pudiendo cada uno hacer lo que quiere y siendo incapaz, desde su punto de vista, de condenar los puntos de vista y los actos de los demás.

A estos diferentes reproches trato de responder hoy; por eso he titulado esta pequeña exposición: El existencialismo, es un humanismo. Muchos podrán extrañarse de que se hable aquí de humanismo. Trataremos de ver en qué sentido lo entendemos. En todo caso, lo que podemos decir desde el principio es que entendemos por existencialismo una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implican un medio y una subjetividad humana.

El reproche esencial que se nos hace, como se sabe, es que ponemos el acento en el lado malo de la vida humana. Una señora de la que me han hablado recientemente, cuando por nerviosismo deja escapar una palabra vulgar, dice, excusándose: “Creo que me estoy volviendo existencialista”. En consecuencia se asimila fealdad a existencialismo; por eso se declara que somos naturalistas; y si lo somos, resulta extraño que asustemos, que escandalicemos mucho más de lo que el naturalismo propiamente dicho asusta e indigna hoy día. Hay quien soporta perfectamente una novela de Zola como La tierra, y se desalienta al leer una novela existencialista; hay quien utiliza la moral corriente –que es bien mediocre- y nos encuentra a nosotros más mediocres todavía. Sin embargo, qué más decepcionante que decir, por ejemplo, “la caridad bien entendida empieza por uno mismos”, o bien “unge al villano y él se quejará, trátalo con dureza y él te ungirá”. Conocemos los lugares comunes que se pueden utilizar en este punto y que muestran siempre la misma cosa: no hay que luchar contra los poderes establecidos, no hay que luchar contra la fuerza, no hay que intentar elevarse por encima de la propia condición, toda acción que no se inserta en una tradición es un romanticismo, toda tentativa que no se apoya en una experiencia probada está condenada al fracaso; y la experiencia muestra que los hombres tienden siempre hacia lo bajo, que se necesitan cuerpos sólidos para dominarlos: si no, es la anarquía. Sin embargo, es la gente que repite estos lamentables proverbios, la gente que dice: “qué humano” cada vez que se les muestra un acto más o menos repugnante, la gente que se alimente de canciones realistas, es ésa la gente que reprocha al existencialismo ser demasiado sombrío, y hasta tal punto que me pregunto si lo que le reprochan es su optimismo y no su pesimismo. En el fondo, lo que asusta de la doctrina que voy a tratar de exponer, ¿no es el hecho de que deja una posibilidad de elección al hombre? Para saberlo, es necesario que volvamos a examinar la cuestión en un plano estrictamente filosófico. ¿A qué se le llama existencialismo?

La mayor parte de la gente que utiliza esta palabra se sentiría muy incómoda si tuviera que justificar su empleo, y puesto que hoy día se ha convertido en una moda, se declara de buen grado que tal músico o tal pintor es existencialista. Un redactor de noticias de Clartés firma l’Exsitencialiste; y en el fondo la palabra ha tomado hoy tal amplitud y tal extensión que ya no significa absolutamente nada. Parece que, a falta de una doctrina de vanguardia análoga al surrealismo, la gente ávida de escándalo y de movimiento se dirige a esta filosofía, que no les puede aportar nada por otra parte en ese dominio; en realidad es la doctrina menos escándalos, la más austera; está destinada estrictamente a los técnicos y a los filósofos. Sin embargo se puede definir fácilmente…’

A partir de aquí, si os interesa saber qué es el existencialismo y cómo lo describió Sartre, podéis seguir leyendo del libro El existencialismo es un humanismo, del cual hemos extraído estos párrafos.

Fuente literaria: Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, Edhasa, Barcelona, 2004.