La inteligencia artificial vs inteligencia humana

Escribo este artículo tras un intenso y frugal debate con otro compañero de la redacción sobre la denominada inteligencia artificial.

Este debate que trato de traer al papel, aunque este caso sea más bien a la pantalla, es un debate recurrente en el tiempo e incluso recurrente con otras personas y otros ámbitos.

A su vez, también es un debate bastante irreal y poco creíble, pues desemboca todo en una especie de deriva de pensamientos hacia una dirección concreta, dirección que puede ser mutable en el tiempo y en el propio pensamiento.

En el debate, mi interlocutor diferencia en prácticamente todo a los diferentes tipos de inteligencia, la humana, la animal y la de las máquinas, en cambio desde mi punto de vista todas estas inteligencias coinciden en muchas posiciones comunes, sobre todo encuentro coincidencias entre la inteligencia animal y humana con la artificial o I.A.

Dichas diferencias pienso que en su mayoría son mñas cuantitativas y sobretodo evolutivas que no cualitativas.

Y es que me resulta imposible no ver todas esas inteligencias en una misma línea, distanciada, sobretodo en lo relativo a la humana y la artificial o I.A., distanciadas por los miles de millones de años de evolución que las separan, pero que en su base, para mi son lo mismo, la toma de decisiones en base a determinados inputs y/o procedimientos aprendidos.

En su discurso, mi interlocutor le otorga desde un inicio un valor cualitativo mayor y de alguna forma incontestable a la inteligencia humana sobre la no humana. A veces mi interlocutor argumenta dicha calidad superior bajo ciertos matices que le confieren una inimitabilidad como mínimo curiosa, refiriéndose a matices emotivos, emociones que aparentemente la I.A. no disfruta.

Estos sistemas emotivos, los podemos llegar a identificar en nosotros mismos, pues somos humanos y poseemos receptores neuronales emotivos, aunque por el simple hecho de ser humanos no podemos pretender afirmar lo que sucede en el otro lado, es decir desde una óptica no humana. A decir verdad y para no dar un paso lejano hacia las máquinas, centrándonos en algo que nos puede resultar más cercano y afable, pienso que no sabemos tan siquiera si un animal siente o al menos de que forema siente en realidad esos factores emotivos, si estos existen y si estos no son una construcción de otros muchos pequeños íntimos. Desde luego que podemos conectarles sensores a dichos animales para tratar de medir sus actividades eléctricas cerebrales, aunque tan sólo sensores que medirán aquello que nosotros como humanos somos capaces de sentir y medir, pero nosotros no somos “el todo” y puede que un animal sea capaz de medir más allá de nuestros valores, no sólo en rango si no incluso en tipo. Sin ir más lejos, y hablando de rangos, por todos es conocido que los perros oyen frecuencias superiores a los humanos, al igual que olisquean a mayor distancia y con un mayor número de matices, esa variabilidad puede confluir en un nuevo sentido interpretado, construído en base a donde nosotros no llegamos sensitivamente.

Y es que si creemos que existen esos sextos y séptimos sentidos, que pueden ser sentidos tanto de un tipo sensorial nuevo o de la combinación y coincidencia bajo diferentes rangos de los diferentes cinco sentidos humanos ya reconocidos por nosotros, los humanos, ¿por qué no creemos que los animales e inclusive los materiales y objetos no son capaces de sentir bajo otras opciones sensoriales?

Por otro lado y ya de forma práctica coloquial hay momentos que nos referimos a una forma de actuar en base a unos inputs definiéndola como “el sentido común”, para mi un término muy bonito y un tipo sensorial nuevo, de los combinados, pues yo lo veo imaginativamente como un sentido común al resto de los humanos, como algo global que habita más allá de esos inputs, y es que en sí bajo una definición más realista ese “sentido común” son un conjunto de valores y reacciones no siempre medibles en una única escala decisoria pero que en su suma y combinados con el “sentido de la memoria” pueden producir una u otra emoción cerebral de carácter de aceptación o repulsión, que no ha sido juzgados únicamente por esos 5 inputs de los sentidos, básicos, ya que como mínimo ha participado la memoria, que desde la óptica científica no es sentido sensorial, al menos todavía.

Todo ese discurso previo que seguro que muestra una o más incoherencias y mentiras me lleva a defender lo indefendible, estableciendo una posición en que tomo la I.A. y la elevo hasta equipararla casi con la inteligencia humana, ¿por qué habré dicho “casi”? cuando estoy convencido del “totalmente”. Bueno quizá porque tan sólo creo que esta, la I.A. se encuentra todavía en un periodo muy temprano de gestación y que cuenta con un sistema de aprendizaje y capacidad muy alejado, todavía, de la denominada inteligencia humana que lleva años expuestas a las evoluciones de prueba, error muerte y sobrevivencia, pero por ello creo que a la I.A. le queda mucho camino por recorrer y esto es sin duda es lo que me apasiona de ella.

El debate en sí, surgió debido a que recuperé una noticia que hace ya algún tiempo apareció en los medios de comunicación digitales. Se trata de una noticia en la que Facebook decidió desconectar dos máquinas que pertenecían a un experimento de inteligencia artificial porqué se les estaba yendo de las manos. Las dos máquinas interactuaban entre sí en un chat, charlando entre ellas, en un momento dado y tras observar la conversación de ambas, los investigadores se dieron cuenta de que las máquinas habían creado variaciones del lenguaje llegándose a entender entre ellas de una forma o con una sintaxis que difería de la inicialmente programada.

Investigando el caso más allá resulta que leo que Google anteriormente a su vez también desconectó su sistema de inteligencia artificial.

El motivo por el qué se dan estas situaciones descontroladas que a veces son noticia es lo maravilloso del asunto, estamos al comienzo de los sistemas de I.A. autónomos, es decir, capaces de sobrevivir sin la supervisión constante de un ser humano, tomando pequeñas decisiones y realizando acciones en torno a ellas. Pronto veremos como los coches conducen solos, de hecho, existen muchos trenes que van autopilotados, sin ir más lejos en los metros de Madrid, Barcelona y Bilbao son muchos los “convoys” en lo que una máquina, acelera, arranca y frena sin la conducción de un humano. En la circulación aérea esto también se da, un amigo con conocimientos sobre aviación y pilotaje me contó hace escasas semanas que alucinaríamos con lo que hacen los denominados pilotos automáticos y de que si hoy en día no existiesen no se podría alcanzar el nivel de seguridad actual pues casi siempre los capitanes de avión, los pilotos, no hacen nada más que conectar dichos pilotos automáticos.

¿Pero qué es la inteligencia?

Vayamos aunque de forma muy somera a la base, la inteligencia, sin decantarnos a la humana o artificial, la inteligencia es realmente un término harto difícil por no decir que realmente imposible de definir. Si bien todo o casi todo ser humano se otorga a si mismo esa categoría de ser inteligente, de vida inteligente, con matices siempre por encima del resto de animales y cosas que pueblan el planeta. Esto me hace pensar de que vivimos en una civilización en la que la mayoría somos ególatras por definición, por autodefinición.

Según Google, el mayor diccionario del mundo, nos la define, a ella, a la inteligencia, de forma muy resumida bajo un:

 

Así que Google, predica que la inteligencia es un término que define un conjunto de habilidades que nos permiten asimilar y responder ante diferentes situaciones de aquello que sucede o tenemos o tendremos delante.

Aprender podemos aprender por el tradicional sistema de ensayo y error, elucubremos pues, seguro que la primera vez que vimos un globo muy de niños nos sorprendió que con su gran tamaño este no cayese a plomo al suelo, y aprendimos a cogerlo con suavidad pues si ejercemos la misma fuerza que la que ejerceríamos sobre una pelota seguro que o bien se deformaría o este explotaría. Estarás de acuerdo que una máquina bien calibrada podría aprender a coger con su brazo mecánico indistintamente un globo o una pelota, para entender, tan sólo debería evaluar el resultado con respecto a su comportamiento previo, es decir evaluar su comportamiento respecto a las físicas ejercidas de menos a más o de más a menos para adaptarse al objetivo encomendado, siendo este totalmente a elección del sujeto, desde transportar el globo a hacerlo explotar. El sistema comprendería que decisiones debe tomar para cada elección.

Entonces ¿Cuál es su diferencia respecto a la inteligencia artificial? a mi modo de ver e interpretar la definición de Google, absolutamente ninguna. Si bien esta definición de Google puede ser excesivamente superflua y algo equívoca ya que existen otros parámetros como ese ¿Qué hacer cuando no hay orden ni acción? la voluntad en la máquina de buenas a primeras parece que no existe ¿pero acaso existe en los humanos? Esto ya lo trataremos más adelante, centrémonos ahora en la inteligencia y su concepto.

Google tiene memoria, pero parece carente de cierta capacidad de resumen y de acierto, al menos hasta ahora y en cuanto a la línea de este debate así que vamos a intentar encontrar y desgranar alguna otra definición más trabajada, para ello como no, iremos hasta la Wikipedia, ya se que muchos puristas dirán que su relevancia y rigor está poco constrastado y constatado, vale, pero por su capacidad global digamos que algo de verdad le otorgará ¿no? tampoco tengo ganas yo ahora de ponerme a defender ningún tratado excesivamente científico al respecto, primero porqué quedaría pronto evidencia mi falta de conocimiento al respecto así que prefiero lidiar con cosas más vulgares que mi razón pueda entender y rebatir llegado el caso.

Según la Wikipedia la inteligencia es definida de una forma no unitaria, existiendo muchas definiciones que difieren entre ellas:

Enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Inteligencia

Entrando al detalle vamos a tratar de dar nuestra particular respuesta a cada uno de ellos.

Charles Spearman define la inteligencia como la capacidad unitaria para resolver problemas y crear nuevos contenidos. La respuesta es que una máquina puede resolver problemas de hecho diría que esta es casi su esencia, resolver determinados problemas, en cuanto a la creación de nuevos contenidos, en cierta manera sí, existen multitud de algoritmos que permiten crear bellas imágenes fractales que no por su componente matemático deberían de dejar de ser arte.

¿Es la voluntad parte de la inteligencia humana?

Yo siempre he visto la voluntad como una necesidad de supervivencia, cualquier hecho o acción que sucede en nuestras vidas puede llegar a simplificarse hasta un comportamiento aprendido en base a si este es de relevancia vital o no, pudiéndose entonces ser reducido hasta el más básico instinto de supervivencia, es decir, hasta la huída del dolor.

Una máquina puede sentir esa voluntad, esa necesidad de no dejar de funcionar. Claramente no, o al menos no de buenas a primera, pues el concepto de máquina que tenemos en nuestras cabezas es muy rudimentario, lo limitamos a un sinónimo “herramienta”, siendo esta un objeto que nos facilita a nosotros, los humanos, la acción de hacer algo de una forma más fácil o segura. Quizá por ello tenemos casi todos una repulsión innata y automática a las máquinas más evolucionadas, lejos ya de las simples herramientas, me refiero a las máquinas que vemos en vídeos trabajando para diferentes fábricas y que hacen procesos sin nuestra ayuda y que vemos como competidoras que nos pueden quitar el trabajo.

Si te mides con algo, si compites contra ello es porqué en parte puedes llegar a pensar que ese algo realizará la tarea de forma más eficiente que tú. Eso duele.

Si en esas máquinas evolucionadas les aplicamos una secuencia de información básica, no muy diferente a la que debemos tener nosotros grabada en algún rincón del ADN o en otra parte de nuestro sistema, me refiero a la secuencia de información que nos dice que debemos de sobrevivir, conjuntamente con una serie de accionadores cerca de los sensores de la máquina de forma que ante una bajada de potencia en la alimentación eléctrica estos accionadores lleven al sensor a su límites de comodidad, donde por ejemplo si un sensor térmico está pensado para trabajar entre 60 y 100 grados, mantener la temperatura a 101 grados para que este produzca un efecto parecido al dolor, donde esos más de 100 grados puedan producir errores en la toma de datos y en la posterior respuesta a ella, habremos simulado de una forma muy rudimentaria una primera sensación de dolor. Ahora el subprograma básico de supervivencia debe saber que esa subida de temperatura en uno de sus sensores se soluciona incrementando la potencia eléctrica empleada para reducir su temperatura, siendo capaz de dejar de hacer su actividad principal para resolver el problema que se ha generado en su actividad básica.

Establecer una secuencia de actividades otorgaría voluntad a las máquinas, obviamente todo eso lo está “diseñando” un humano y… ¿por ello debe ser un objeto* superior? no, a nosotros los objetos H (H de humanos) algo o alguien nos diseñó, quizá fue el ensayo y error durante millones de años al que te somete la propia naturaleza en el juego de la supervivencia. Y no por ello somos superiores.

  • Llegados a este punto casi prefiero hablar de objetos y no de humanos y máquinas para bajarnos esa animadversión que nos desvíe de esa igualdad. Entonces tendremos los objetos H. y los objetos M.

 

El debate sobre la Inteligencia, artificial y natural

Aquí es donde el debate no llega a concluir, yo soy de los que pienso que la inteligencia natural carece de diferencias de base sobre la artificial y es tan sólo el tiempo de uso de la misma, datado en millones de años así como su gran capacidad decisoria la que establece la diferencia con la inteligencia artificial la cual adolece de la falta de tiempo, pues su aparición data de poco más de 50 años, con la aparición de los primeros transistores, no me refiero en esta ocasión a “radios antiguas” si no a unos semiconductores de silicio precursores de los actuales microprocesadores.

Mi interlocutor me pregunta subiendo el nivel a cada frase, llegando a términos como “¿Qué es la voluntad?”

La inteligencia artificial aplicada a los negocios

El mundo de los negocios mueve el mundo, esto está más que claro, y por ello la IA puede llegar a ser un acierto y lo que marque la diferencia con el resto de competidores del mercado. Las estrategias de aplicación de la AI pueden ser muchas y muy variades siendo aplicables a casi todos los aspectos de un negocio. Veamos algunos.

Empezamos por algo obvio que aplica o creo que aplica en mayor o menor medida el gigante del comercio electrónico Amazon cuando intentar predecir con mayor o menor acierto las tendencias de compra o cuando lo aplica a los más fáciles ciclos de consumo, ambos son terrenos abonados para su uso. Estas aplicaciones las podemos intuir en los productos que nos muestra en su página de inicio, colocando primero aquellos a los que en su día hicimos un mayor caso, estando un tiempo superior en la página de detalle del producto o consultando valoraciones de otros compradores sobre dicho producto. También si adquirimos un producto de forma reiterada en el tiempo como podría ser paquetes de folios o cartuchos para determinadas impresoras Amazon puede establecer una cadencia de consumo aproximada, haciendo que visualicemos más esos productos, tanto en su home como en otros lugares los días en los que el sabe que deberíamos reponer dichos producto.

Los departamentos de atención al cliente de las empresas sería otra de las áreas de mayor uso de la IA, mediante los chatbots que libran a las grandes empresas de tener que contratar numerosos recursos para responder a los miles de usuarios que diariamente les formulan las mismas preguntas.

Creo que en el mundo de los negocios se abrirán consorcios digitales donde de forma más o menos anónima las empresas compartirán información sobre ámbitos de consumo de sus usuarios para que si a nosotros un determinado cliente nos consume papel y etiquetas pero no impresoras pues no tenemos impresoras a la venta, la información sobre el modelo de su impresora se comparta de forma anónima con un vendedor de impresoras, el cual puede ofrecernos el nuevo modelo de impresora más eficiente que el que tenemos. Incluso por los datos que almacena sobre dicho modelo anterior puede que sea conocedor de los fallos típicos que se presentan en el producto con el paso del tiempo.

En cierta manera la publicidad contextual y “asociada” que ha convertido a Google en el gigante que es hoy es algo parecido a lo comentado en este último párrafo. Google sabe que es lo que buscamos y nos muestra publicidad de terceras empresas contextualizada a nuestros intereses y búsquedas.

La inteligencia artificial aplicada al entretenimiento

Los videojuegos son quizá uno de los sectores donde más se hace uso y se experimenta con la Inteligencia Artificial. Debido a la siempre presente necesidad de ofrecer experiencias similares a las de la realidad o de la ficción pero donde la toma de decisiones del jugador deba o pueda influir en el desarrollo del juego es el sector que mayores necesidades en cuanto a IA requiere en la actualidad, inclusive por encima del mundo de los negocios.

Quizá en ese último párrafo estuve algo obtuso y pero hoy no quiero volver a hacia atrás a releerme y reescribir, prefiero hilar hacia adelante en mis pensamientos, permíteme pues el mismo enfoque con otras palabras. Tomemos un videojuego donde la inteligencia puede no parecer vita, un Fifa, que es un juego de fútbol. Ahora piensa que el jugador es capaz de controlar a un único jugador de fútbol de los 22 que hay sobre el terreno de juego, ¿qué hacen mientras tanto los otros? podrías pensar que esos 21 jugadores restantes tienen una serie de comportamientos definidos y jugadas preconcebidas que intentan ejecutar de forma aparentemente al azar hasta que la interacción del jugador controlado por el humano irrumpe en medio de la ejecución preconcebida, por ejemplo, cortando la pelota en un pase. Y sim supongo que en parte tienen o tenían hace unos años esa serie de patrones preestablecidos, pero esto haría que fuese excesivamente fácil ganar a “la máquina” por ello la realidad es que ya se está aplicando, y desde hace ya bastante tiempo sistemas de IA a los videojuegos. En el caso del fútbol, el jugador que lleva el balón puede por ejemplo analizar la posición del resto de su equipo, evaluar las posibles líneas de pase a sus jugadores, los posibles cortes de balón a los que se somete al pasar el balón a hacia aquel o aquel otro jugador y quedarse con la opción más óptima de todas para asegurarse preservar el balón entre los jugadores de su equipo. Todos estos cálculos realmente serían muy parecidos a los que hace un jugador real.

Vale… ahora posiblemente piensas que hablar de fútbol e inteligencia no ha sido algo realmente acertado… ummmm… podría recurrir a la partida de ajedrez, donde se evalúan a cada momento miles o millones de posibles jugadas preestablecidas para el momento actual y los posibles posteriores teniendo en cuenta todas las posibilidades de respuesta que tiene tras nuestra acción el oponente… pero realmente en la práctica yo ambos juegos los veo con cierto parecido, estoy de acuerdo que quizá el ajedrez tenga más probabilidades, pues para empezar tiene 32 jugadores sobre el tablero, y con unas características más diferentes entre ellos, y que en el fútbol entran en liza además de la estrategia, la destreza, las capacidades físicas de los jugadores y otros aspectos, además de la suerte, pero en cuanto a esquema, posicionamiento y estrategia desde el punto de vista de aplicación de procesos de IA yo diría que estamos ante un caso parecido al del ajedrez.

Muchos han sido los juegos denostados por poseer una IA mala o pésima, juegos por ejemplo de guerra donde puedes pasar al lado de un “malo” sin que este te dispare.