La libertad la ansiada libertad

Una mano a la que se le escapa un vaso del que salta un pez

La libertad la ansiada libertad

¿No la extrañáis? yo sí, cómo extraño mi libertad…

Aún no siendo un preso al uso, aún pudiendo vivir en nuestras propias casas y con ello disfrutar de una supuesta libertad, esta está hoy mermada por una maldita pandemia.

Algo minúsculo, inapreciable a simple vista, que para los de ciencias no se considera sin tan siquiera un ser vivo, nos ha puesto en jaque, a toda la inmensa humanidad.

La libertad es hoy extraña, recluidos en pequeños cubículos para la mayoría, con los movimientos limitados a riesgo de ser sancionados ¿No os resulta incluso utópico el concepto de libertad?

Vivíamos en ella hasta ahora, vivíamos para ella sin saberlo.

A mi esto de la ausencia de libertad me da que pensar algo más de lo normal, y aunque este «más» sigue siendo poco, aquí os lo voy a vomitar, perdonad la gramática, perdonad el desorden, abrazad la esperanza, y sentir como llega de nuevo nuestra libertad.

La desaceleración del tiempo

A la vez que idealizo la libertad, la ansiada libertad, el tiempo, mi tiempo, se ha vuelto infinitamente más denso, se ha frenado, casi en seco, culpa de ello lo tiene nuestro necesario y salvador confinamiento, lo dicen los científicos lo accionan los políticos.

Todo pasa más lento, he recuperado hábitos, buenos hábitos, he desechado otros, malos o no tan buenos, he ordenado algo mi caos, he podido pensar en nimiedades y verlas convertirse en propósitos. He visto cumplirse promesas, y eso que tan sólo estoy en mi día 17 de confinamiento.

Parece que ya le voy cogiendo cierto placer al tiempo extendido, a ese que ahora ya no me espanta de lo rápido que pasan las semanas, que antes incluso entre risas comentaba que la unidad mínima de «tiempo práctico» no debería ser la hora, ni los días, si no de contarse por semanas.

Hoy, a principios de abril, uno piensa que ahora una semana da para mucho, incluso los días los puedes planificar, curioso es que el mes más corto del año se sienta ahora como el más largo.

Dicen que los años más largos, aquellos que son bisiestos, son especialmente malos, pues bien, desde luego, lejos de la leyenda, la probabilidad esta vez parece acertar, maldita probabilidad que de mi libertad me quiere alejar. Pero, alto ahí, no vayamos por esas vías.

Lo que importa ahora es que esto se ha parado. Aunque no te quepa duda que volverá a girar, ojalá que más temprano que tarde, volveremos a girar. Al principio de forma lenta, muy lenta, pero de forma inexorable avanzaremos como sociedad.

¿Cuándo se prevee el fin de la cuarentena?

Somos muchos los que nos preguntamos si para el 12 de abril esto del confinamiento realmente habrá acabado, si podremos salir a las calles.

Los gobiernos actúan sobre la marcha, normal, el guión no está escrito, aunque desde otras latitudes donde el virus llegó antes podemos tener un ejemplo de como afecta en el tiempo y como actúan ellos para tener una referencia.

Así sin darle muchas vueltas, pues todavía estamos sumidos en un tobogán de cifras, que parece indicar que hemos tocado máximos y que pronto vamos a comenzar descender, pero sin definir ritmos ni cadencias, yo quiero pensar que es bastante probable, que por esas fechas de mediados de abril, o quizá una semana o diez días más tarde, podremos ir volviendo paulatinamente a la libertad, la ansiada libertad.

¿Cómo será la vuelta a la libertad?

Extraña. Esto diría que casi lo puedo afirmar, el resto y a continuación, mis conjeturas.

Aunque quizá lo primero sería preguntarnos si esta libertad va a ser la misma. Me refiero a la misma, «normalidad en cuanto a la libertad» que existía antes de la pandemia. Me temo que no.

Si bien con el tiempo se supone que sí, que nuestra ansiada libertad acabará siendo más o menos la misma, y que recobraremos aquella misma vida diaria que se truncó este febrero de 2020.

Piensa que al estar todavía sin vacunas ni tratamientos eficaces que hagan descender el contagio y la posterior letalidad, que supera ya el 5%, esta libertad estará condicionada. sSerá algo diferente, con pequeños, medianos y hasta grandes matices, además de que precisará de bastante tiempo de por medio para progresar camino de la libertad. No la alcanzaremos en cuestión de días.

Al principio aún estaremos con los hospitales totalmente colapsados, la enfermedad dura de tres a cuatro semanas de media y aún no hemos bajado significativamente el promedio de contagios diarios.

Ante el colapso mantenido seguro nuestro gobierno o bien están redactando, o preveen hacerlo en breve, medidas que eviten nuevos ingresos hospitaliarios por otras causas ajenas a esta maldita pandemia.

Así que digo yo que por ejemplo no nos pueden permitir una libertad total de desplazamientos, pues para empezar los mismos implicarían el porcentaje habitual de accidentes de tráfico, pero sin recursos disponibles para tratar a esos accidentados.

Los colegios probablemente no se abrirán nuevamente este curso, y es que creo que ningún político tendrá valor de abrirlos hasta el próximo curso 2020-2021, por allá en septiembre. Ningún gobierno se va a atrever a exponer a los niños, y con ellos el futuro de todo, ante posibles contagios, ya que luego al llegar el hospital faltarán camas, faltarán UCIs, y tener que elegir entre un nuevo infectado y un enfermo a punto de morir, no lo quiere nadie. .

De lo contrario la pelota se haría más y más gorda.

Tampoco podremos viajar a otros países, bien porque estos nos cierren sus fronteras, como lo está haciendo la China, USA y otros países, o bien porque nuestro gobierno así nos lo indique.

Viajar, en el caso de poderlo hacer bien llegado el verano, podremos hacerlo en lo nacional, en las pequeñas distancias y con medios no colectivos, donde seguirá existiendo riesgo de contagio.

Además como la demanda del turismo bajará, probablemente no salgan las cuentas para fletar un avión o abrir un hotel a los mismos precios, nuevamente y durante un buen tiempo el viajar volverá a ser algo exclusivo de los más ricos.

Sin podernos desplazar libremente coaccionados por los posibles contagios y con los niños todavía en casa durante meses la vuelta al trabajo de los mayores será abrupta y extraña, con niños a los que cuidar, más jornadas partidas, menos salarios y una mayor contención en el gasto.

Quizá desde los gobiernos también se nos prohíba concentrarnos en lugares para contener nuevos contagios, tales como cines, discotecas, bares, cafeterías, o al menos hacerlo tal y como lo hacíamos antes, algo apiñados.

Quizá se establezca una ley escrita del «metro de distancia», obligado entre dos humanos de unidades familares diferentes, rebajando aforos, rebajando carga laboral, rebajando ganancias y reduciendo empleos.

Veremos en las entradas de tiendas, dispensadores de jabones, usaremos guantes de un sólo uso para todo, siempre bajo una afluencia controlada, no se si mediante máquinas o sólo mediante el sentido común. Pero todo esto representará un gasto extra, que en definitiva hará subir los precios de casi todos los servicios.

Creo que durante un buen puñado de meses, incluso más alla del verano, me atrevo a pronosticar que durante un año, vamos a vivir en un mundo nuevo, con la libertad cuestionada, asumiendo incómodas restricciones en el exterior, pues la amenaza de infección estará siempre acechando hasta que la maldita vacuna exista y se pueda producir en cantidades ingentes para inocular a toda la humanidad.

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