La teoría del conocimiento de John Locke

La teoría del conocimiento de John Locke
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A continuación haremos una especie de esquema resumido sobre la teoría del conocimiento que elaboró el filósofo empirista inglés llamado John Locke.

Recordemos, tal y como vimos en un artículo anterior, llamado El empirismo de John Locke  que, en lo referente al conocimiento, es decir, de cómo el ser humano es capaz de conocer el mundo, Locke defendía que solo se podía saber a través de la experiencia.

Para Locke, la teoría del conocimiento no es una finalidad en sí misma sino una herramienta de comprensión, cuya finalidad es la de explicar el cómo se produce la relación existente entre los seres humanos y el mundo físico.

La función de la teoría del conocimiento no se ocupa de saber cómo es la realidad, sino de cómo la conocemos. Para John Locke, este conocimiento lo adquirimos mediante la experiencia que el ser humano posee del mundo. Es aquí donde aparece el concepto de idea: idea simple e idea compleja.

A continuación explicaremos cómo se forma una idea simple y una compleja, en qué se diferencian y, qué tipo de cualidades poseen cada una de ellas. También hablaremos sobre los tres tipos de conocimiento que posee el ser humano: el intuitivo, el demostrativo y el sensible.

Por último definiremos cuatro conceptos básicos en la filosofía de Locke: sustancia, lenguaje, yo y Dios. Y, acabaremos con una pequeña comparación entre John Locke y René Descartes.

¿Os apuntáis?

Ideas

IDEAS SIMPLES: es un estado en el que se dice que la mente está pasiva. Se divide en sensaciones y en reflexiones.

– Sensaciones: las captamos a través de la experiencia externa. Estas sensaciones se dividen en:

  • Cualidades primarias: son objetivas. Estas cualidades no se pueden separar del cuerpo independientemente de las alteraciones y cambios que el cuerpo u objeto tenga.

Ejemplos: el grosor, la forma, la figura…

  • Cualidades secundarias: son subjetivas. Son percepciones que tenemos nosotros, por eso son subjetivas; no tienen por qué actuar de la misma manera en todas las personas.

Ejemploslos colores, los olores…

– Reflexiones: las captamos a través de la experiencia interna. Se puede explicar como el conocimiento que la mente tiene de sus propios actos y operaciones.

Ejemplos: el pensar, el querer, el creer…

IDEAS COMPLEJAS: en este caso la mente está activa. Existen tres tipos de ideas complejas:

– Sustancia: es el conjunto de varias ideas simples que son designadas por un solo nombre. El soporte es desconocido.

Ejemplos: una mesa, una rosa, la “cera”…

– Modos: son cosas que no subsisten por sí mismas sino en otros.

Ejemplos: la gratitud, la transformación (de la cera)

-Relaciones: son el resultado de comparar una idea con otra.

Ejemplos: anterioridad, identidad, casualidad, el calentamiento (de la cera como causa de la transformación)

Hasta aquí hemos explicado de forma resumida qué se entiende con los conceptos de idea simple e idea compleja. Ahora detallaremos los tres tipos de conocimiento que, según Locke, posee el ser humano para conocer: el intuitivo, el demostrativo y el sensible.

Conocimiento intuitivo: “yo”: la mente percibe la verdad de forma inmediata; sería la misma forma en la que los ojos perciben la luz. Mediante la intuición conocemos el “yo”

Conocimiento demostrativo: Dios y las matemáticas: es el conocimiento que hace la mente sobre la unión de ideas mediante el razonamiento y el uso de las ideas intermedias (pruebas) – que no siempre son evidentes-. Se tienen que demostrar, como es el caso de Dios y las matemáticas.

Conocimiento sensible: el mundo: el mundo existe porque las cosas que forman parte de él, es decir, las cosas que lo ocupan son las causas de nuestras ideas. Aunque, no conocemos las cosas en sí mismas sino a través de nuestras ideas. No tenemos un conocimiento evidente de aquello que representan nuestras ideas; podríamos decir que es un conocimiento probable.

Dicho esto, a continuación os explicaremos también, de forma resumida, cuatro de los conceptos que son fundamentales en la teoría del conocimiento de John Locke. Estamos hablado de: la sustancia, el lenguaje, el “yo” y por último, Dios.

La sustancia

Según Locke, la sustancia es “un no sabemos exactamente qué”, que la mente elabora. La sustancia es un soporte incognoscible pero capaz de hacer aparecer en la mente las ideas simples. En otras palabras, la sustancia sería una idea compleja formada por la suma de varias ideas simples.

Por ejemplo: si cogemos una rosa, lo que hacemos es percibir su forma, su color, la fragancia que desprende, pero no podemos explicar cómo todos estos elementos simples mantienen una cohesión entre sí. El por qué se fijan las diversas cualidades o accidentes (como en el ejemplo de la rosa) es algo que Locke no supo o no pudo explicar.

El lenguaje

El lenguaje no es una imagen del mundo real sino una construcción que se hace arbitrariamente. Existe una inadecuación entre el lenguaje y el pensamiento, es decir, cuando hablamos de la “sustancia”, exactamente no sabemos qué estamos diciendo realmente. Al igual que conocemos ideas y no las cosas, las palabras son signos que se refieren a las ideas y no a las cosas.

Los universales no dejan de ser ideas abstractas que representan no la esencia real de las cosas sino la esencia “nominal”: los universales no designan aquello abstracto y común de las diversas cosas, sino los nombres que damos al conjunto de rasgos comunes que pertenecen a las cosas individuales. Las esencias nominales son abstracciones o retales de ideas más complejas. Por ejemplo, cuando decimos “hombre”, hablamos de personas concretas y no del conjunto de hombres abstractos.

El “yo”

El “yo” es la conciencia. Es dinámica y depende de la experiencia. Se puede explicar también así: “no puedo pensar en mi identidad, en mi yo, sin pensar en mis experiencias”. Cada elemento de nuestra experiencia, cada idea de la cual somos conscientes, certifica nuestra propia existencia como sujetos de esta experiencia.

Dios

Locke prueba la existencia de Dios con un argumento cosmológico. Locke dice que la existencia de Dios se obtiene de forma inmediata por nuestra propia existencia. Una persona conoce intuitivamente y con certeza que nada o todo no puede haber salido de la “nada” y, eso mismo, “es una demostración evidente que desde la eternidad debe haber existido alguna cosa”. Aquello primero que hubo, tenía el poder de producir todos los poderes de todas las cosas, por lo tanto, el más poderoso y el más sabio, tiene que ser Dios.

De esa manera “evidente”, John Locke demostraba la existencia de Dios.

Por otro lado, si tuviéramos que hacer una rápida comparativa entre la teoría del conocimiento de Locke (1632-1704), filósofo empirista y, la de Descartes (1596-1650), filósofo racionalista, quedaría resumida de la siguiente manera.

Locke versus Descartes

Locke: la certeza absoluta no existe. Tenemos un conocimiento bastante probable, pero no es seguro. Tenemos que basarnos en la percepción sensible, en los sentidos.

Descartes: tenemos que buscar la certeza absoluta, no podemos fiarnos de los sentidos, sino que debemos hacerlo a través de la razón.

 

Locke: no existen las ideas innatas. Cuando nacemos, nuestra mente es como un papel en blanco, está vacía. Es una “tabula rasa” que se va llenando con las experiencias particulares y concretas.

Descartes: las ideas más importantes y de las cuales no podemos dudar son las ideas innatas, porque son universales y a priori.

 

Locke: conocemos el mundo por la experiencia, intuitivamente. A partir de la suma de experiencias sensibles elaboramos una idea.

Descartes: el mundo lo conocemos por deducción. A partir de la idea de “yo pienso”, deduzco que existe Dios y el mundo.

 

Locke: toda experiencia se origina en un cuerpo y depende de la percepción sensible, sin el cual no hay identidad personal. El alma y el cuerpo están separados pero relacionados entre sí.

Descartes: el “yo soy” es una cosa que piensa. La esencia del “yo” es pensar y, podríamos imaginar que “yo existo” como un pensamiento sin cuerpo.

 

Locke: la experiencia muestra que la sustancia de las cosas es incognoscible.

Descartes: la sustancia es el “ego cogito” (yo pienso), soy una sustancia, algo que siempre es igual a sí misma.