Las bravas de la Esquinica en Barcelona

Hace escaso un par de días estuvimos en este otro mítico bar de Barcelona, La Esquinica, el bar en el que para muchos se sirven las mejores patatas bravas de Barcelona, y eso amigo, ya es decir mucho.

Este bar localizado en el barcelonés barrio de Vilapicina, muy cercano a los barrios de Virrey y Horta, entra en competición directa por el título de mejor bar de bravas de la ciudad con el mismísimo bar Tomas de Sarrià. Bar del que ya escribimos un artículo que puedes leer >aquí<

Originalmente el Bar la Esquinica estaba a unos cientos de metros de distancia del local actual, antaño colindante con el Turó de La Peira. Ubicado exactamente en una esquinica en la calle Teide, de ahí su nombre de “Esquinica” en diminutivo “a lo maño”, por su dueño, conocido como el mañico, del que creo que su sobrenombre viene dado por su escasa altura. 😛

La temible aluminosis que carcomió las estructuras de algunos edificios de aquel barrio por allá los años 90 obligó a este triunfante bar de tapeo a moverse hacia la calle Fabra i Puig. Con ello perdió algo de encanto, en la calle Teide el bar estaba compuesto por pequeñas habitaciones, parecía un piso reconvertido a local. Muchos de los camareros que trabajaban allí hace ya más de 25 años continúan trabajando en La Esquinica.

Las tapas del lugar

Precio: EUR 10,24
Precio recomendado: EUR 12,16
Todas las tapas del lugar son denominadas en su carta de una forma muy graciosa, al puro estilo maño, acabando en ico, ica o cualquiera de sus variantes, así pues tenemos “bravicas”, “calamarcicos”, “sepica”, “chistorrica” y muchas otras más. Sus bebidas, por defecto, a menos que indiques un quiero un tubo o una jarra pequeña, las sirven en jarras de medio, y las llaman “guais”

La Esquinica cuenta con una carta de tapas completísima, con una mayor extensión que la de su otro competidor barcelonés, el bar Tomas de Sarrià. Con semejante variedad taperil resultará mucho más fácil contentar a todos y cada uno de los comensales de un mismo grupo debido a la gran variedad de tapas, puedes empezar por unas bravicas, unas excelentes morcillicas de arroz, unas chistorricas y si eres de los que no les va la carne, pues elige unos chipironcicos o una buena tapa de pescaico del Ebro, unas sabrosas chirlicas o incluso unos tigrecicos que son mejillones rellenos de salpicón de marisco y rebozados. Finalmente si ni la carne ni el pescado te van, pues también podrás saborerar unos pimenticos del padró que unos pican y otros no, acompañados por unos champiñoncicos de París, unas girlicas a la plancha o unos esparraguicos verdes, eso sí, camarero cuando puedas, otra de bravicas. No te cansarás de ellas.

Hablando de bravicas de la Esquinica, y centrándonos en sobre si son o no son las mejores patatas bravas de la ciudad, pues te contaré que el corte de la patata es el corte tradicional catalán que se le suelen dar a las patatas bravas, con forma de pequeñas pirámides, yo en lo personal prefiero el corte ancho y largo del Tomàs, pero con la salsa amigo… aquí ya no hay color, esta salsa de la Esquinica es la mejor. Ajo y pimentón con un aceite rojizo, mmmm. Picante justo en un punto perfecto de equilibrio que gustará a todos, ocasionalmente puede picar alguna bravica más de la cuenta, pero nada excesivo como si que ocurre en cambio con la salsa del Tomas de Sarrià, y siempre el de La Esquinica es un picante que sofocarás rápidamente si tienes a mano una rodaja de pan, pan, eso sí, que deberás de solicitar pues se acabó esa sana costumbre de acompañar bravas con pan. La fritura de las patatas, perfecta, el aceite perfecto, como mucho de dos usos, el punto de sal perfecto.

El resto de tapas, a destacar las morcillicas de arrroz los chipironcicos, las bombicas, las chirlicas, e incluso el lacón. Realmente todo está muy bueno aunque luego el montante al final sube, mucho más de lo esperado.

El tamaño de las raciones de la Esquinica

El tamaño importa, y el precio también, y lo saben, aunque no hagan nada por remediarlo, su plato estrella, las bravicas, no son unas patatas bravas excesivamente caras, coño, que son patatas fritas con algo de salsa, tampoco te pueden pedir mucho más, pero si que son escasas en su ración. Si vas para allí y quieres quitarte el hambre, una tapa para dos no lo conseguirá, ni como tentempié, será justa, muy justa, y dos, con las correspondientes bebidas, hará subir la cuenta por encima de los 12 euros.

Conozco muchos bares de tapeo de Barcelona desde hace años y en el caso de la Esquinica he podido contemplar como desgraciadamente el tamaño de sus tapas ha ido menguando con el paso del tiempo.

Las colas en las Esquinica

En la Esquinica no reservan mesas por lo que deberás ir presencialmente para que te den un número y esperar a que te llamen… además deberá estar todo el grupo al completo para poder pasar dentro o a su terraza, aquí no vale aquello del ponme en una mesa de 8 que de momento yo me siento hasta que vengan, no.

Hacer “la cola” hasta que te dan mesa, es algo típico en este famoso bar barcelonés. Sobretodo los fines de semana, tanto para tapear al mediodía como para comer y te diría que hasta más larga aún es por las noches. Si nunca has estado previamente puedes llevarte una desagradable espera así que anota, “llegar allí antes de las 13:30H” y si es para cenar “llegar antes de las 20:30H” si llegas pasadas las 21.00H olvídate de sentarte hasta antes de las 22:00H, y eso, siendo optimistas.

A veces, con el estómago vacío estas colas se hacen eternas y os he preferido avisar en este blog para que los futuros visitantes, no se lleven esta sorpresa y que probablemente les toque hacer cola durante no menos de una hora, así como en la foto, en la acera, en lo que los camareros llaman “la salica de espera”. Sólo llegar al bar te dan un número, en más de una ocasión he llegado y me han dado número para 70 mesas después. He estado durante hora larga, de pie y con el estómago rugiendo.

El ambiente de la Esquinica

Es un local de claro ambiente festivo, con familias al completo, personas de todas las edades, desde abuelas a bebés, y algunos jóvenes antes de salir de fiesta. En general hay bastante cachondeo y se respira un muy ambiente en el aire. Si bien antaño era un auténtico festival, reías con sus camareros y sus ocurrencias.

Desde sus comienzos, y debido a la fama de sus sabrosas tapas, este bar ha contado con visitantes ilustres, son testigo de ellos algunas fotos repartidas por el local. Personalidades del mundo del deporte, de la cultura y del ámbito político y monárquico.

Años atrás, ir a la Esquinica, era un no parar de reír con los camareros, estos siempre te servían con un gran sentido del humor. Cuando en sus caminos hacia la terraza para servir mesas de fuera divisaban un coche de la urbana entraban raudos a anunciar a voces que “los malos se acercan” y cantaban las matrículas como auténticos pregoneros de pueblo, detallando los modelos y colores de los coches que habían aparcado en doble fila delante del local. Lo hacían con un gran sentido del humor. Cuando se trataba de un coche nuevo, un modelo destacado de una gran marca o un deportivo, decían ¡atención chicas del local!… este hombre es un buen partido… y comentarios de este tipo, algunos comentarios que hoy ya obvio porque en los tiempos que corren me resuenan ya algo manidos y un tanto machistas, pero jopé si todo el local se reía a mandíbula batiente por aquel entonces.

Conclusiones

Desde luego, si eres de los de tapear y estás o vas a Barcelona no deberías perderte una visita a la esquinica, probablemente volverás. Si son o no las mejores bravas de la ciudad, pues para mi, y ahí me mojo… diría que sí, lo son.