Oda a la amistad, por Aristóteles

En este artículo os presentaremos un texto extraído de uno de los libros con mayor reconocimiento dentro del ámbito de la ética llamado Ética a Nicómaco.

Aquí solo os mostraremos pequeños retazos de la obra; en concreto hemos querido resaltar el tratado de amistad que se inicia en el Libro VIII.  Me gustaría que tengáis presente que este libro fue escrito en el siglo IV a. C, por Aristóteles, el gran filósofo de la antigüedad, conocido también con el nombre del “estagirita”.

Aristóteles recibió el nombre del estagirita porque nació en la ciudad de Estagira, población cercana a Macedonia. Para aquellos que todavía no lo sepan, Aristóteles fue discípulo de Platón, al cual siguió desde su ciudad natal hasta Atenas donde se inscribió como alumno suyo en la famosa “Academia” de Platón cuando tenía unos 17 o 18 años.

Aristóteles perteneció en Atenas hasta la muerte de Platón, y aunque vivió casi toda su vida en esta ciudad lo hacía bajo la condición de extranjero,-por aquel entonces se les llamaba “metecos”-, sencillamente porque la ciudad donde Aristóteles nació, Estagira, fue destruida durante una de las guerras tan habituales por aquella época.

Como anécdota también quiero comentaros que durante unos años, Aristóteles ejerció de profesor de otro de los grandes personajes históricos de la antigüedad, Alejandro Magno, aunque en realidad poseía el título de Alejandro III de Macedonia (pero esto es otra historia).

Así, pues, ¿empezamos?

‘A continuación correspondería hacer una exposición sobre la amistad puesto que es una virtud o le acompaña la virtud, y, además, es cosa muy necesaria para la vida, pues sin amigos nadie desearía vivir aunque poseyera todos los demás bienes. En efecto, incluso los ricos y los que ostentan magistraturas y posiciones de poder y parece que necesitan especialmente amigos, pues ¿cuál es el provecho de tal bienandanza si se les quita el hacer favores, lo cual se ejercita especialmente –y es cosa muy elogiada- para con los amigos? ¿O cómo se vigilaría y guardaría sin amigos, si, cuanto más numerosos son, más segura está ella? Además, en la pobreza y demás infortunios se piensa que el único refugio son los amigos. También es una ayuda para los jóvenes con vistas a que no cometan errores, para los ancianos con vistas a su asistencia y a las carencias en su actividad debidas a la debilidad, y para los hombres maduros con vistas a las acciones honrosas – cuando dos marchan juntos…, en efecto, dos son más capaces de pensar y actuar. También parece que se da por naturaleza en el que engendra hacia lo engendrado y en éste hacia aquél no solo entre los hombres, sino también entre los pájaros y la mayoría de los animales; y entre los de la misma raza entre sí, sobre todo en los hombres, por lo que elogiamos a los que son “humanitarios”. Incluso en los viajes puede verse que todo hombre es familiar y amigo del hombre. Parece que la amistad mantiene unidos a los Estados y que los legisladores se afanan más por ésta que por la justicia: en efecto, parece que la concordia tiene una cierta semejanza con la amistad y que aquéllos aspiran más a ésta y tratan de expulsar la disensión por ser el peor enemigo. Además, cuando los hombres son amigos no necesitan de la justicia, mientras que, aun siendo justos, necesitan de la amistad: es más, parece que el carácter más amistoso es propio de los hombres justos.

Pero no solo es cosa necesaria, sino también buena; elogiamos a los que gustan de tener amigos, y la abundancia de estos parece que es una de las cosas buenas. Algunos incluso piensan que lo mismo es “hombres buenos” que “hombres amigos”…

…Quizá quedaría ello claro si se llega a conocer el objeto de la amistad: pues parece obvio que no todo es amado, sino solo lo “amable”, y que esto es o lo bueno o lo placentero o lo útil. Y parecería que es “útil” aquello por lo que se produce algún bien o algún placer, de manera que objeto de amistad son lo bueno y lo placentero como fines. Ahora bien, ¿acaso aman los hombres lo bueno, o lo que es bueno para ellos –pues a veces eso no coincide-?

Y lo mismo acerca de lo placentero. Parece, desde luego, que cada uno ama lo bueno para él y que lo bueno en sentido absoluto es objeto de amistad, pero para cada uno es lo bueno para cada uno. Aunque cada uno ama no lo que es bueno para él, sino aquello que se lo parece. Pero no hay diferencia: admitamos que “amable” es aquello que lo parece. Y, claro, como son tres las cosas por las que los hombres aman, la palabra “amistad” no se aplica al afecto por los seres inanimados, pues no se da correspondencia en el afecto ni deseo por el bien de aquéllos (quizá sería ridículo desearle el bien al vino; si acaso, uno desea que se conserve para tenerlo uno mismo). En cambio, se afirma que al amigo hay que desearle el bien por él mismo

… La amistad de los jóvenes parece que se debe al placer, pues viven en la pasión y persiguen sobre todo aquello que les resulta placentero y lo que tienen delante –aunque cuando cambia su edad, también les resultan placenteras otras cosas-. Por eso se hacen amigos, y dejan de serlo, rápidamente, pues su amistad cambia con lo placentero y el cambio de esta clase de placer es rápido. Los jóvenes son también inclinados al amor pasional, pues la mayor parte de la amistad erótica se da por pasión y placer, por lo que se enamoran y desenamoran con rapidez, cambiando varias veces en el mismo día. Estos desean pasar el día juntos y convivir, pues el sentimiento de amistad se produce en ellos de esta manera.

Perfecta, sin embargo, es la amistad de los buenos y semejantes en virtud, pues estos se desean mutuamente el bien por igual, en tanto que buenos; y son buenos por sí mismos. Son amigos sobre todo aquellos que desean el bien de sus amigos por ellos, pues tiene esa condición por sí mismos y no por concurrencia. Por consiguiente, su amistad perdura mientras son buenos, y la virtud es perdurable…

…Pero es lógico que tales amistades sean escasas, pues los hombres de esa índole son pocos…

…La amistad por placer tiene similitud con ésta, pues también los buenos son agradables uno para otro; e igualmente la que se debe a la utilidad: los amigos son tales entre sí. En estos casos las amistades son más duraderas cuando de uno y otro se deriva lo mismo, como, por ejemplo, placer; y no solo eso, sino también a partir de lo mismo, como entre los ingeniosos y no como entre un amante y un amado. Pues estos no gozan con lo mismo, sino, el uno, mirando al otro, y el otro, atendido por el amante. Mas cuando la lozanía cesa, a veces también la amistad toca a su fin (pues para uno el aspecto ya no es placentero y el otro no recibe atenciones)…

… Por otra parte los que son amigos por mor de la utilidad se separan al mismo tiempo que aquello que les interesa, pues no eran amigos uno del otro, sino del interés…

… En los antipáticos y los ancianos la amistad se da en menor medida, por cuanto son más difíciles para el trato y disfrutan menos con la compañía: y ésta parece que es, sobre todo, propia de la amistad y creadora de amistad. Por eso los jóvenes hacen amistad rápidamente y los ancianos, no, pues uno no se hace amigo de quien no le agrada. Lo mismo los antipáticos. Pero estos pueden sentir atracción mutua, pues se desean el bien y se asisten en las necesidades. Sin embargo, no son amigos en absoluto porque ni pasan juntos el tiempo ni se placen mutuamente, lo cual, claro está, parece más propio de la amistad…’

 

Una vez leídos estos fragmentos, decidme: ¿estáis de acuerdo con el tratado sobre la amistad que plantea Aristóteles? ¿Creéis que ahora, después de más de 2000 y pico de años de haberse escrito sucede lo mismo con la amistad? ¿Pensáis que el ser humano realmente ha cambiado tanto? ¿No os apetece seguir leyendo y así despejáis vuestras dudas…?

Este texto está extraído del libro de Aristóteles, Ética a Nicómaco, Alianza Editorial, 2001, Madrid.