Pensamientos sobre Fotografía

Pensamientos sobre Fotografía
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Supongo que alguno de vosotros o quizás, muchos de vosotros, habéis pensado en más de una ocasión que la fotografía, en sí misma, conceptualmente, podría tener alguna relación con la filosofía. Yo, al menos, así lo pienso, y, además, tengo quien me avale, pues como bien dijo  hace ya unos cuantos años un ilustre filósofo llamado Descartes, “pienso, luego existo” (cogito ergo sum), pensar y existir son indisociables.

Entonces, si pensar y existir van de la mano, ¿por qué no deducir que la fotografía, cómo existencia, también posee un trasfondo filosófico?

Siguiendo este hilo argumental he pensado que podría hacer un pequeño escrito en términos filosófico-informal, sobre la relación que puede “existir” entre la fotografía y la filosofía; especialmente entre la fotografía, el tiempo y la realidad.

Qué os parece, pienso que son términos muy potentes para reflexionar sobre ellos, ¿No creéis?

¡Ojo!, Tampoco pretendo hacer ahora un ensayo filosófico sobre ello. Sólo que he creído que no estaría mal, para variar, darle un nuevo “enfoque” (lo pilláis) a la visión que tenemos actualmente de la fotografía.

Además, la fotografía siempre ha sido considerada como un arte menor en comparación con otras disciplinas artísticas como es el caso de la pintura. Quizás ésta sea una impresión que deberíamos cambiar. Porque, ¿no pensáis que al igual que existe buena y mala pintura,  no sucede lo mismo con la fotografía?

Supongo que el hecho de que más o menos todo el mundo tenga acceso a la fotografía tiene algo que ver con esa apreciación que tenemos tan “clasista” cuando pensamos en ella, pero, repito, quizás actualmente todo sea cuestión de percepciones, y es el momento de hacer nuevas valoraciones sobre el noble arte fotográfico y su implicación en los aspectos más filosóficos de la vida.

Aproximaciones entre Tiempo y Fotografía

La noción de tiempo posee una relación especial con la fotografía por su peculiaridad de fijarlo en un solo instante. En cuanto al fotógrafo, el “instrumento” humano de la fotografía, podría considerarse como el ser contemporáneo por excelencia, ya que a través de su mirada, el “ahora”, el instante,  se transforma en el pasado.

Las fotografías convierten el pasado en un objeto de contemplación pero a la misma vez es perturbador, sobre todo por la conciencia del saber de un tiempo ido, no recuperado sino es a través de la propia mirada.

En esa misma línea, la imagen atrapada de un tiempo pasado, nos reclama el envejecimiento de nuestro propio presente. El fotógrafo es ese ser comprometido con la tarea de transformar la realidad en antigüedad, y las fotografías mismas podrían considerarse como antigüedades instantáneas.

La fotografía es un arte capaz de fabricar una realidad nueva y paralela que inmediatiza el pasado, transformando el presente en pasado y el pasado en lejanía.

La posibilidad de congelar el tiempo nos ofrece demorarnos a gusto en la contemplación de un solo momento, y aunque lo que estemos contemplando pueda angustiarnos, la tendencia fotográfica a estetizarlo todo hace que esta angustia desaparezca. Este registro que nos proporciona la fotografía sobre el pasado también nos posibilita una nueva manera de tratar con el presente e incluso con el futuro.

Mediante la fotografía el mundo se transforma en pequeños fragmentos, inconexos e independientes, y la historia, tanto la pasada como la presente, en un conjunto de anécdotas y acontecimientos.

Cada vez más la fotografía acelera su proceso, tanto de captación como de producción y reproducción de imágenes. La clave reside en la velocidad, es el milésimo de segundo capturado con toda precisión el que sugiere que la imagen esté en constante movimiento.

Aproximaciones entre Realidad y Fotografía

Con la aparición de la fotografía, cada vez más, lo real se supedita a la imagen que de sí se produce. Las imágenes son capaces de usurpar la realidad, no son sólo una interpretación de lo real, sino que son un vestigio, una huella de la realidad.

Las imágenes son siempre compatibles, o pueden hacerse compatibles, aunque las realidades que retraten no lo sean, porque uno de los rasgos propios de la fotografía no es su accesibilidad hacia la verdad, sino hacia las imágenes mismas.

Por más que parezca paradógico, las imágenes de las cosas reales están entremezcladas con imágenes de imágenes.

Las imágenes son todo aquello que tenemos al alcance, allá donde miremos nos encontramos con imágenes y su representacionalidad es múltiple. Una fotografía es una imagen pero también es un objeto, que además es fácil de transportar y coleccionar. La fotografía en un libro es una imagen de una imagen. Las posibilidades que ofrece la fotografía en su recreación de imágenes son infinitas.

Habitamos en un mundo repleto de imágenes; imágenes con las que convivimos diariamente sin prestar atención porque ya nos hemos inmunizados. En muchos casos cuando la fotografía se hace visible es cuando reparamos en las formas, formas e imágenes con las que configuramos el mundo, nuestro mundo.

Fotografía, tiempo y realidad son tres conceptos que se entremezclan, conviven y coexisten a la vez. En cierta medida son tres elementos que se necesitan mutuamente para poder existir, uno sin el otro no serían posibles.

Aunque pueda resultar obvio lo que estamos diciendo, muchas veces si no lo plasmamos expresamente, se nos puede pasar por alto, y de esa manera no acabamos de atrapar en su totalidad la esencia misma que componen estos elementos.

Tiempo y realidad son las condiciones de posibilidad de la fotografía, al igual que la fotografía hace posible que nos podamos detener y contemplar en un tiempo determinado nuestra propia realidad, la que configuramos en nuestro día a día. Así que, ¿no os parece que es fantástico poder disfrutar de esta “triada”? 🙂