¿Qué son los tiempos muertos?

“Tiempos muertos” es el nombre que le doy a esos intervalos de tiempo que transcurren a la espera de, o en, o entre (utiliza la preposición que quieras) dos acontecimientos concretos.

Normalmente, estos tiempos muertos se producen en escenarios tan dispares como pueden ser: la sala de espera de un centro médico, o el interior de un aeropuerto, o durante el trayecto de un viaje en avión, o durante un viaje en barco, o durante la espera para subir al barco… En fin, que si le echamos imaginación seguro que encontramos circunstancias similares a las que os estoy comentando donde abundan los tiempos muertos, en ese sentido es lo que nosotros respondemos ante la pregunta de qué son los tiempos muertos.

Me arriesgaría a decir que incluso los tiempos muertos transcurren también durante una entrevista de trabajo mientras esperas en la sala pertinente a que te llamen.

Pensad que todos estos tiempos muertos que acumulas a lo largo de tu vida, si realmente tuvieras “tiempo” para contarlos, estoy segura que sumarían una cifra considerable.

¿Cuántos tipos de tiempos muertos hay?

Porque decidme, ¿qué pensáis sobre el  tiempo que pasamos en el aeropuerto, o en el interior de un avión, o de un barco? ¿No os parece un tiempo irreal?

Para mí, el tiempo o la espera del aeropuerto es bastante similar a la espera que se produce en un hospital, cuando necesitas acompañar a un familiar a que lo operen, o mientras estás cuidando de él. A ver, no es que sea lo mismo exactamente, pero comparten algo en común. Hay algo extraño en ese tipo de espera. Es como si el tiempo se detuviera en cierta manera.

A veces piensas, perfecto, ahora podré leer un rato, o podré navegar por Internet, o, podré aprovechar para ir de “shopping” on-line, sobre todo ahora que disponemos de nuestros fantásticos smartphones (¡qué haríamos sin ellos!)

Sin embargo, resulta que aunque dispongas de todas estas opciones, no sabes por qué motivo, no te apetece hacerlas. Bueno, quizás no sea del todo así, es decir, que puede que aproveches momentos muertos para navegar on-line, leer, curiosear, chatear o demás, pero si os fijáis bien, realmente el tiempo que utilizamos para eso es una parte ínfima del tiempo real del que disponemos.

Lo dicho, se produce algo así como una especie de borrosidad del tiempo. Me explico: a veces intervalos pequeños de nuestro tiempo se alargan indescriptiblemente y parece que no pase nunca ese momento eterno, mientras que curiosamente, por otro lado, en un santiamén se nos han ido unas cuantas horas de golpe sin que apenas nos hayamos dado cuenta. En realidad pueden haber diferentes tiempos muertos, ¿no?

Esa especie de flexibilidad temporal es la que configura el tiempo muerto que dedicamos a pasar en espacios como los aeropuertos, puertos marítimos, aviones, barcos, y centros médicos.

Sobre todo, ese efecto se magnifica si eres de esas personas en exceso previsoras y te desplazas a estos espacios que hemos comentado con más tiempo del previsto. En esos casos, aunque sepas la hora de partida, el tiempo que transcurre hasta entonces, el tiempo muerto del que dispondrás hasta que “embarques” es el que debes saber gestionar bien para que pase lo antes posible.

Por ejemplo, si estamos en un aeropuerto, ese tiempo, el tiempo muerto, podrás dedicarlo a desplazarte por la terminal, hacer “shopping”, tomarte algo, leer un libro, ir al baño…, en fin un montón de cosas. Aunque, por otro lado, lo más probable es que te sientes en una sala de espera y te dediques a contemplar tu alrededor.

El ver pasar la gente que como tú, está a la espera de; el ver pasar a la tripulación, los pilotos y las azafata; el ver cómo el personal de limpieza realiza su labor; el trasiego de personas varias que van y vienen, en fin, todo eso, pero además, notarás cómo las fracciones del tiempo se alargan o se acortan bajo los designios de un capricho que escapa a tu control, no sé si me entiendes…

Algo similar sucede en el interior de un avión o de un barco durante el trayecto de un viaje cualquiera. Esos tiempos muertos que se producen invariablemente los puedes utilizar para leer, dormir, navegar por Internet, o simplemente quedándote absorto en la contemplación de ver pasar el tiempo delante de ti sin que tengas que hacer nada de nada, simplemente esperando que pase, como un simple espectador.

Supongo que alguno de vosotros se habrá preguntado por qué le llamamos “tiempos muertos”, cuando en realidad, en muchos casos esos tiempos los llenamos haciendo cosas, ¿no?

Bueno, pues respondiendo a esa cuestión, podríamos decir que llamamos “tiempos muertos” precisamente a ese “tiempo” sustraído a nuestro tiempo vital, en el cual estamos sujetos a unas limitaciones impuestas por esos acontecimientos, donde no cabe otra opción que aceptarlos y saber manejarlos, porque sí o sí, no podemos hacer otra cosa que pasar por ellos.

Por otro lado, lo que aquí expongo no es sino una teoría creada precisamente en uno de esos intervalos de “tiempos muertos” que os he estado hablando todo el rato.

Por supuesto no pretendo crear una verdad universal, solo es eso, una teoría improvisada que rellenó en un momento dado esos huecos temporales que la vida nos depara en algunas ocasiones.

Podéis estar de acuerdo conmigo o no, faltaría más, pero si  ha servido un poco para aquellos que sientan algo parecido, perfecto. Y, para aquellos otros que no opinen igual, que tengan teorías diferentes sobre lo que aquí exponemos de los “tiempos muertos”, pues perfecto también, porque afortunadamente la vida es heterogénea y diversa (menos mal).

Por otro lado, pensad que tampoco me olvido sobre los tiempos empleados en nuestros desplazamientos cotidianos y diarios a manos de los transportes públicos como son: los trenes, autobuses, metros y tranvías, pero si os parece, de eso ya hablaremos más adelante.