Técnicas Cognitivas para la Orientación Familiar

En este artículo os hablaremos sobre tres de las técnicas cognitivas para la orientación familiar. En concreto, os explicaremos un poco en qué consiste la técnica conocida como de “autocontrol”, la técnica de “autoinstrucciones” y la técnica de “resolución de problemas”.

Del mismo modo, os quiero comentar que si estáis interesados en esta temática podréis ampliar información a través de dos post que publicamos hace un tiempo sobre contenido parecido. En realidad me estoy refiriendo a estos dos artículos: “Técnicas conductuales para incrementar las conductas positivas” y “Técnicas conductuales para la Orientación Familiar”.

En todos los casos nos hemos propuesto resaltar cuáles son aquellas medidas o técnicas, tanto conductuales como cognitivas, que desde el ámbito social pueden paliar las dificultades que presenta, en algunos casos, el aprendizaje y el mantenimiento de las conductas positivas en el entorno familiar.

Todas estas técnicas son realmente útiles para facilitar el entendimiento y la comprensión en las -a veces-, difíciles relaciones que se establecen entre todos los miembros de la familia, sobre todo, cuando los entornos sociales más cercanos no son del todo favorecedores.

En definitiva, se trata de dar respuesta mediante la prevención y solución de conflictos con la ayuda de técnicas especiales, en la intervención psicopedagógica y psicosocial de los diferentes ámbitos de la vida. En este caso concreto, en los entornos familiares donde primen situaciones de riesgo o con necesidades especiales.

Técnicas de autocontrol

Las técnicas de autocontrol proporcionan al sujeto las competencias necesarias para que él mismo pueda autocontrolar su propio comportamiento. Algunos estudios indican que los seres humanos regulan su propia conducta en función de los valores y expectativas que esperan obtener de la aplicación de dicha conducta en una situación determinada o concreta.

Nosotros queremos centrarnos en unas determinadas técnicas de autocontrol que se diferencian del resto por la forma en que se expresan. Estas técnicas a las que nos referimos se dividen en tres etapas: la primera se denomina “autorregistro”, la segunda es la “autoevaluación” y, la última de ellas es el “autorrefuerzo”.

Estas tres etapas forman parte indisociable de la técnica de autocontrol. Funcionan de la siguiente manera: seleccionamos una conducta previa que autorregistramos, luego la autoevaluamos en comparación de un modelo seleccionado, para finalmente regularla a través de un autorrefuerzo.

La técnica de autorregistro

Como el propio nombre indica, se trata que el sujeto vaya registrando bien en un formulario, o en cuaderno o en hojas de registro, una conducta determinada. El propio sujeto será el que anotará la frecuencia, la intensidad y la duración con la que aparece dicha conducta. Él mismo será el que identificará el significado de dicha conducta.

Si por ejemplo, es una conducta no deseada el hecho de registrarla cada vez que aparezca producirá malestar con lo que el número de anotaciones se debilitará con el tiempo. Por el contrario, si la conducta es deseada, esta se reforzará con el número de apariciones que tenga. Por un lado se refuerza la conducta positiva mientras que por otro va desapareciendo la negativa.

Este tipo de registro se recomienda para aquellas personas que pecan de impulsividad e hiperactividad. Les obliga a reflexionar más detenidamente sobre sus conductas.

La técnica de autoevaluación

Con la técnica de autoevaluación el propio sujeto valora su conducta en relación a un modelo escogido por él. Tiene relación con la autoeficiencia, con la capacidad de conseguir los objetivos propuestos y, sobre cómo evaluar la conducta que va aprendiendo. Por ese motivo, se deben tener presentes algunos aspectos para que esta técnica sea efectiva.

En primer lugar, el modelo de referencia debe ser asequible por el sujeto, es decir, dicho modelo no debe sobrepasar las expectativas y capacidades propias del sujeto, porque de lo contrario será contraproducente.

Lo mismo sucede con el nivel de autoeficiencia, debe conocerse previamente qué tipo de nivel posee el modelo, lo mismo el nivel no es muy alto y se tiene que trabajar este aspecto para que el sujeto consiga una mejor autoeficiencia.

Por otro lado, los objetivos propuestos deben ser claros y concisos para que el sujeto puede entender qué conducta se espera de él.

La técnica del autorrefuerzo

La técnica del autorrefuerzo está basada en la capacidad que posee un sujeto a la hora de emplear unos reforzadores o recompensas determinadas ante su propia conducta. Para ello es muy importante saber el tipo de habilidades que el sujeto posee para poder autorreforzarse adecuadamente.

Por ejemplo, si una persona se ha propuesto dejar de fumar, cuando consigue durante un día no fumar ningún cigarrillo puede autorreforzarse haciendo alguna actividad o comprarse algún producto como obsequio o autoregalo.

Sin embargo, si no ha conseguido el objetivo propuesto y, ha recaído en su adicción, puede él mismo, siendo consciente de ello, autocastigarse cada vez que esto suceda.

Como hemos comentado anteriormente, es conveniente saber qué habilidades maneja la persona en cuestión, para que esta técnica de autorrefuerzo no se utilice con otros motivos que no sean el de ayudarse a sí mismo. Existen personas con baja autoestima que podrían hacer un uso indebido de esta técnica.

Técnica de autoinstrucciones

La técnica de autoinstrucciones es bastante útil como herramienta para modificar la conducta a través de las órdenes que se da el sujeto a sí mismo antes de comenzar cualquier actividad. Se recomienda, sobre todo, para entrenar a niños con dificultades de aprendizaje con comportamientos hiperactivos e impulsivos.

En este caso expondremos la técnica que creó Meichenbaum basado en una serie de fases que son necesarias pasar de forma paulatina. Son las siguientes:

Modelado cognitivo: el educador o persona que guía al sujeto debe decir en voz alta la tarea que está realizando para que la otra persona observe y aprenda de él. Se aplica de la siguiente manera:

  • Definición del problema: ¿qué tengo que hacer?
  • Guía de respuesta: ¿cómo tengo que hacerlo?
  • Aplicación del refuerzo: “De esta manera está bien”
  • Aplicación de la autocorreción ante algo negativo: “No, así no es correcto, debo hacerlo de otra manera”

Guía externa explícita o en voz alta: una vez observado el modelado cognitivo la persona que está aprendiendo realiza la misma tarea mientras el educador le da las instrucciones.

Autoguía explícita o autoinstrucciones en voz alta: es el mismo caso que la guía externa, pero ahora es el sujeto que está aprendiendo quién se da a sí mismo las instrucciones en voz alta.

Autoguía enmascarada o autoguía explícita desvanecida: en este punto, el sujeto que está aprendiendo ya no habla en voz alta sino que mediante susurros se guía su tarea.

Autoguía implícita o autoinstrucciones enmascaradas: en esta última fase, el sujeto que está aprendiendo, lo hace a través de instrucciones mentales o internas sin necesidad de susurrarse o hablar en voz alta.

Técnicas de resolución de problemas

La técnica de resolución de problemas está basada en la capacidad de resolver los problemas cotidianos de la vida mediante la comprensión autónoma del individuo de dichos problemas. Este apartado lo presentamos desde un proceso que consta de cinco fases desde el cual se podrá abordar y resolver el problema previamente detectado.

La primera fase es la orientación hacia el problema: consiste en motivar a las partes implicadas para reconocer dónde está el problema, analizarlo y valorarlo.

La segunda fase trata de definir y formular el problema: hay que comprender la naturaleza del problema, para ello será necesario recoger y describir la información. Formular objetivos realistas, identificando las dificultades que pueden surgir en la obtención de estos objetivos.

La tercera fase es la generación de alternativas: cuantas más opciones ofrezcamos mejor. Para ello se tendrá que aplicar técnicas de recogida de ideas, elaborar propuestas, analizar y seleccionar qué alternativas son las mejores para resolver el problema.

La cuarta fase es la toma de decisiones: en este caso hay que identificar cuáles serán las consecuencias y efectos, tanto personales como sociales, que se derivarán de la aplicación de las alternativas escogidas en la fase anterior.

Finalmente, la quinta fase es la puesta en práctica de la solución y su verificación: ahora sí toca llevar a cabo los planes realizados en las fases predecesoras, modificando las actuaciones si fueran necesarias.

Y, con toda esta parrafada os hemos explicado de forma sencilla en qué consisten algunas de las técnicas cognitivas empleadas con mayor frecuencia para la intervención de la orientación familiar.