Viajar en moto. Feelings y Sensaciones: Segunda parte

¡Hola de nuevo!

En una primera parte de este mini-diario, te expliqué las sensaciones y emociones placenteras que he ido (y continuo) sintiendo mientras voy circulando en moto.

También te comenté que mi experiencia tenía relación con mis períodos vacacionales o tiempos de ocio, entre otras cosas, porque quería matizar la diferencia entre ir de viaje por placer o viajar por otro  tipo de necesidad, como es el caso de muchas personas que utilizan la motocicleta como medio de transporte para poder desplazarse a su entorno laboral.

Siguiendo esta línea de exposición, en base a mi experiencia de ocio, comentaré a continuación cuáles son esas situaciones no tan placenteras o agradables que he ido experimentado conforme he ido viajando, en moto.

Así que, a continuación continúo con mi discurso “motorizado”.

Diario de una copiloto viajera: Segunda parte

Viajar en moto te proporciona una multiplicidad de sensaciones que no todas se traducen en placenteras. Aunque sí que es cierto que predominan los buenos “rollos”, algunas veces te encuentras con situaciones bastante desagradables.

La mayoría de las sensaciones desagradables que te estoy comentando tienen relación con un aspecto tan natural y cotidiano como es la climatología. A continuación te pondré algunos ejemplos.

Viajar con lluvia

Si llevas una buena equipación y la lluvia es moderada no hay problema. Te pones el chubasquero (completo), y vas que “ruedas”. Pero, si te encuentras con un temporal de cuidado, lo mejor es resguardarte en el primer lugar que encuentres, porque en ese caso ni el chubasquero más preparado te salva de mojarte. A ver, no te empapas totalmente, pero aún así recibes tu dosis de agua. Y si además viajas con viento y frío, ya entonces ni te cuento, porque en ese caso estás deseando pararte cuanto antes, aunque sea bajo un árbol!

Viajar con frío

Viajar con frío es otra de las experiencias más desagradables de ir en moto. Y es que a veces no puedes evitarlo, porque aunque dispongas de una buena equipación no siempre la llevas encima. A menudo piensas que no necesitarás según qué prenda de ropa y no la “echas” en la moto. Pero cuando compruebas que te has equivocado y echas a faltar aquello que previamente habías descartado, en ese momento, justo en ese preciso momento desearías estar en otro lugar, lejos de allí, sentada ante un buen fuego del hogar, bien abrigada y con una taza de líquido caliente entre tus manos. Ummm, ¡qué agustito pensar en ello!

Viajar con calor

Ya sé que antes he comentado que viajar con frío es una de las peores experiencias de viajar en moto, pero… Pero, cuando pienso y recuerdo las sensaciones que mi cuerpo padecía mientras iba circulando en moto a más de 40 grados, entonces, francamente, no sé qué es peor. No obstante, puedo afirmar que viajar en moto bajo un sol de pleno verano es igual que hacer una sesión de sauna pero al cuadrado, y además sin la posibilidad de “remojarte” una vez se ha acabado tu sesión. No sé si me entenderán, pero si es así, pueden ir haciéndose una idea!

Y lo peor de todo es que sabes que no puedes quitarte la equipación porque precisamente la llevas para protegerte de posibles contingencias como podría ser una caída, o también para mitigar el impacto de insectos y piedras pequeñas que golpean tu cuerpo.

En definitiva, que viajar en moto con una temperatura superior a 40 grados puede ser algo así como tener una experiencia “metafísica” (por utilizar un término absoluto), pero sintiéndola en tus propias carnes!

Otras sensaciones

Ya puestos, podría indicar que otra de las malas sensaciones de ir en moto es el estado de cansancio al final de la jornada, o de la ruta marcada para ese día. Me explico: no es que sea del todo desagradable, pero cuando llevas unas cuantas horas encima de la moto, y te ha tocado soportar horas de calor o de frío, pues tu cuerpo se acuerda de ti en ese momento, y no sólo tu cuerpo sino también tu mente.

Cuando eso sucede, en mi caso lo que más deseo es llegar al destino, quitarme la equipación motera y darme una buena ducha. Entonces me relajo, recuerdo por dónde he estado rodando ese día y aparece una sonrisa en mi rostro de buen rollo, pues sé que la experiencia ha estado genial (en la mayoría de los casos).

No obstante, a pesar de todas las sensaciones y feelings que estoy describiendo como desagradables, sé de buena fuente, que para un motero, “rider” o piloto, estas mismas sensaciones son, sin embargo, las que les impulsa a coger la moto.

Claro que cuentan todas las sensaciones agradables que comenté en la primera parte del diario, pero si además un motero  lo pasa “un poco mal”, ¡mola!,  pues es algo así como una pequeña aventura que compartir con los demás.

La sensación “adventure” de ir en moto y los riesgos y sorpresas que ello conlleva acaba generando algo así como una unión o nexo común entre el colectivo motero.

En definitiva, si te has leído los dos mini-diarios que he confeccionado para la ocasión, te habrás hecho una idea de lo que una copiloto puede sentir mientras va como “paquete” detrás del piloto.

Al menos esa ha sido mi experiencia, y puedo asegurar que a pesar de todos los inconvenientes o sensaciones desagradables que puedes sufrir (de vez en cuando) encima de una moto, la vedad es que no las cambiaría.

Ir en moto es toda una aventura porque con frecuencia no sabes con lo que te encontrarás, y esa incertidumbre le agrega ese ingrediente de emoción que supongo siente todo motero.  Además de la sensación de velocidad y libertad que te posee mientras vas rodando.

En conclusión, si eres de esas personas que se ha sentido interpelada por los sentimientos y sensaciones que he compartido contigo, ¡felicidades! Pero si todavía no has experimentado estas emociones, entonces, amig@, te aconsejo que no dejes pasar más tiempo y te subas a una moto, jaja!