Weegee y su audaz sentido de la oportunidad

Weegee nació en 1899 en la ciudad de Zioczew, Polonia. Este singular nombre, derivado de la tabla de “ouija”,  fue el pseudónimo a través del cual se dio a conocer en el mundo fotográfico, pero en realidad se llamaba Arthur H. Felling.

Hacia 1910 su familia emigró a Estados Unidos. Con 15 años empezó como ayudante de un estudio fotográfico, trabajo en el que estuvo hasta 1924. Desde esta fecha hasta 1928 ejerció de violinista para películas mudas, a la vez que compaginaba esta afición con el trabajo de técnico de laboratorio fotográfico.

Hacia 1938 ya era considerado como un fotógrafo independiente de prensa. De hecho fue el primer fotógrafo al que se le permitió instalar una radio de policía en su vehículo.

Como habíamos comentado antes, Weegee se inventó este nombre que provenía del sonido del vocablo “ouija”(la famosa tabla con la que puedes comunicarte con los espíritus), por su extremado y audaz sentido de la oportunidad, y es que siempre se presentaba en el lugar del crimen instantes después de haberse cometido (suponemos que la radio de la policía instalada en su coche tenía algo que ver…)

A partir de 1953 y durante cinco años más se convierte en asesor además de actuar para la industria cinematográfica de Hollywood. Al finalizar su faceta de actor, se traslada de nuevo a Nueva York y empieza a realizar fotografías por Europa. Finalmente, en 1968 fallece en la ciudad de Nueva York.

Weegee, el fotógrafo del crimen

Weegee era considerado una especie de fotógrafo policial porque siempre estaba presente en el escenario del crimen. Por ese motivo consiguió una gran reputación como fotógrafo del crimen en la ciudad donde nunca se apagan las luces, Nueva York.

Weegee solía vagar de noche por las calles de Nueva York en busca de instantáneas morbosas con las que ilustrar sus imágenes. La oscuridad era parte de su territorio más cotidiano.

También era un perseguidor de las pasiones ocultas, y se infiltraba en los cines con el objetivo de captar mediante película infrarroja aquellas imágenes “amorosas” que robaba de los amantes que se citaban en los cines de la ciudad.

Se decía que Weegee (el fotógrafo del crimen), presenció muchos incendios antes de que llegasen los bomberos. Este es un dato muy significativo de hasta qué punto Weegee accedía a la información de las desgracias antes que muchos otros.

Era una persona que no se mantenía al margen de los hechos, en absoluto, siempre aparecía en primera línea. Captaba la desgracia humana en toda su manifestación. Los protagonistas de sus imágenes, cómo no, eran las propias víctimas de los crímenes que perseguía con la ayuda de su indiscreta cámara.

Aunque por otro lado, sus fotografías no sólo se centran en el crimen y la desgracia, sino que también podemos encontrarnos con muchas imágenes de famosos del celuloide hollywoodiense.

Weegee también poseía una cierta ironía en su relación con la cámara, y a menudo fotografiaba divertidas escenas cuyos protagonistas formaban parte de las estrellas de cine americano con poses algo “distorsionadas”, lo cual no dejaba de sorprender en aquel mundo de apariencias.

En cuanto a la formación fotográfica de este autor, hay que señalar que era totalmente autodidacta. Trabajaba siempre en blanco y negro, y se caracterizaba porque había instalado en el maletero de su coche un pequeño “laboratorio” fotográfico, donde positivaba las fotografías para que pudieran estar listas al instante, o lo antes posible, sobre todo si tenemos en cuenta el tiempo de proceso que conlleva el revelado fotográfico, por aquel entonces algo más lento que en la actualidad.

Sin duda, Weegee fue un fotógrafo especial dentro de la historia de la fotografía. Voyeur insaciable, aprovechaba la mínima oportunidad para plasmar en sus imágenes una de las facetas más oscura de la vida: la muerte.

Si les gustan las películas clásicas de gangsters y la estética que envuelve este universo, les aconsejo que echen un vistazo a las fotografías de Weegee, suguro que no les decepcionarán.