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Bajar de las nubes

Bajar de las nubes

Estamos ya en el año 2024 ¿quién lo iba a decir? la evolución tecnológica y la nube digital sigue su aparentemente imparable avance, aunque a veces, creo yo, llamamos equivocadamente avance o evolución a todo lo contrario, a una encubierta involución.

Desde hará un año más o menos una molesta sensación de estar vigilado, motivado, controlado y orientado en todo momento por una serie de inputs externos, que no son fruto de una paranoia sino de la observación con tiempo y perspectiva de pares de sucesos.

Estos pares, vistos como acción reacción, me han demostrado que estoy maniatado, controlado y por ello me he planteado una vez más abandonar la nube, entendiendo por nube aquellos servicios prestados de forma gratuita, ejem, por las grandes compañías dominadores de la misma, entiéndase Google (por Alphabet), Microsoft, Apple, Meta (por Facebook, WhatsApp e Instagram) y Amazon.

Si bien, tras mis sospechas, de esas grandes corporaciones la más destacable es la de Google donde habita la mayor obscuridad de la época actual.

Beneficios de la nube

Si bien la adopción de la nube digital y todo lo que conlleva nos ha reportado enormes beneficios, algunos de estos éxitos no son tales, incluso algunos de los más cotidianos. No lo son cuando uno lo analiza con cierta perspectiva, no te aportan valor y te restan tiempo mientras alimentas a una minoría cada vez más rica y poderosa, que comercian con tus datos.

Cierto es que la colaboración gracias a la nube se ha disparado, pero en mi caso, tan sólo ha sido en puntuales momentos en los que he colaborado con clientes en documentos compartidos en la nube, y es que al final siempre alguien manda y ordena, que no siempre es el cliente, sino quien más sabe o quien más trabaja.

Lo de las copias de seguridad deslocalizadas, pues lejos del siempre son mejores, habrá detractores, es como dejar las llaves de tu hogar en un lugar que ni tan siquiera ubicas en el globo, luego debes confiar que es pedirlas y que estas aparezcan para abrir tu hogar, entras en él y todo está como lo dejaste, o no.

Lo que sí que nos beneficia a gran parte usando la nube es esa posibilidad de trabajo multidispositivo, estar haciendo algo en el PC y poderlo continuar con el móvil, aplicaciones de gestión de tiempo, aplicaciones de nota, de redacción como los procesadores de texto en la nube, son accesibles desde cualquier lugar y bajo cualquier dispositivo con el que previamente nos identifiquemos.

Tus datos en la nube, llueven para algunos

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Tus datos en la nube, llueven para algunos

Claro que todos esos beneficios de trabajar en la nube requieren algo común, y eso son el uso y movimiento de los datos, tus datos, lo de aquel y aquel otro, todos los datos de todas las personas deben grabarse en la nube.

Estos datos contienen información privada y personal, a veces incluso con cierto nivel de peligrosidad.

Y confiamos mucho en la nube, pero la nube no deja de ser otro ordenador más, como el tuyo, como el mío, pero un ordenador que está las 24 horas accesible desde internet, nadie lo apaga, nadie lo enciende siempre está ahí esperando a que tú introduzcas tu llave de acceso, ese nombre de usuario y esa clave, aunque muchas veces no hará falta, quizá sólo una, la primera, es cuando deberás introducirlo, luego tu dispositivo, tu móvil o tu PC ya se acuerda de la clave y lo hace por ti.

Todo automatismo es un peligro, alguien puede dar con dicha clave, una persona o un programa diseñador para eso, y entonces, tus datos estarán expuestos.

¿Sabes que hay cientos y miles de casos cada año en los que la seguridad de los servicios en la nube es quebrantada por piratas y secuestradores de datos? y luego a ti ni te lo dicen, ni aparece en prensa. No vaya a ser que nos asustemos.

Brechas de seguridad que permite a los hackers adentrarse en las bases de datos de las empresas para luego venderlos a quien los quiera comprar. No, no es que tus datos valgan mucho para el pirata, pero sí el conjunto de miles de datos de personas para determinadas empresas.

Datos que son posteriormente utilizados para lanzar campañas masivas de publicidad o intentos de engaño, los medios, lo habituales SMS, email e incluso llamadas de telemarketing.

Y si no revientan la seguridad de la nube, algo que sucederá tarde o temprano, a toda empresa les toca algún día, es cuestión de que el lugar donde está tu perfil sea objetivo principal o no y de cuestión de tiempo, los datos están a disposición de quien los administra.

Imagina unos datos de una compañía energética robados por hackers, los venderán y a buen precio pues con ellos cualquier comercializador de la competencia que quiera lanzar una oferta puede tener una base de datos de usuarios que consumen energía, una base de datos perfectamente segmentada por población en incluso datos de consumo Kw de cada usuario, junto con su nombre dirección e incluso cuenta bancaria, para que en una llamada les sea más fácil captarte como nuevo cliente.

Y ese ejemplo sólo es un ejemplo apenas nocivo, lo peor es que puedan por ejemplo cargarte los gastos de otro usuario en tu cuenta o que utilicen esos datos con fines más nocivos.

Todos esos datos que dejamos a custodia de las empresas los administra un ser humano, un grupo de técnicos y administradores de sistemas y también directamente una máquina o programa, quieras o no esos datos son captados, procesados, etiquetados y categorizados por sistema recopiladatos, donde absorben aquella huella digital que dejamos en las inmensas telarañas que los voraces artrópodos del poder nos han tendido en Internet.

Además, entrenan con nuestros datos a numerosas y potentes inteligencias artificiales que luego pueden incluso ir en contra nuestra, pueden estudiar nuestra forma de consumir para lanzar descuentos que suenan importantes y nos ciegan cuando realmente no tenemos apenas consumo o al revés, subir los precios en aquellas franjas horarias donde detectan que el consumo medio es superior.

Juegan con nuestros datos, muchas veces lo hacen esos multimilmillonarios que por ser «nuevos millonarios» nos caen incluso bien, los idolatramos, como Elon Musk, Mark Zuckerberg, o sin recaer en un humano concreto, como hacen los señores de Google, Microsoft y Apple entre muchos otros.

Será porque esos millonetis a muchos nos parecen iconos a seguir, inofensivos al haber salido de la nada, cuando realmente no lo son y probablemente tampoco salieron de la nada, ellos, en la sombra o tras una tupida cortina de fuegos artificiales de colores, luego si los analizas verás su puro interés por nuestro dinero y es que orientan a que sus sistemas de captación de información sean más certeros, para luego hacer con nuestra información lo que se les antoje, como comerciar con ella y es que la información, la ciencia, al igual que industria se sustentan en su mayoría por y para el dinero.

Contraindicaciones de estar en las nubes

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Estar en las nubes

Siendo consecuentes y mirándonos a nosotros mismos reflejados en un espejo y siempre a cierta distancia cobraremos la perspectiva necesaria y podremos observar como la adopción masiva digital nos ha traído cosas que no son tan buenas.

Los tópicos están ahí, la deshumanización del individuo y es que sin ir más lejos hemos pasado de reunirnos en persona, a hacerlo virtualmente perdiendo en ello el tacto más humano, hemos pasado de comunicarnos de voz, con palabras, expresiones y tonos de voz a comunicarnos principalmente por una mucho más fría mensajería instantánea textual, y la lista podría seguir y seguir.

Mientras, toda esa información que generamos, nuestros datos, personales y privados, son vistas con mucho interés por grandes empresas que controlan nuestro entorno y que acaban convirtiéndolos en un producto vendible, relaciones de datos más o menos anónimos que alimentan a múltiples perfiles hasta poder vender nuestros perfiles e intereses, así como los de nuestro entorno al mejor postor.

Unos intereses, unos perfiles con los que estos reyes de la nueva comunicación comercian a nuestras expensas, consiguen dinero por ellos sin hacernos partícipes de su riqueza. Saben lo que va a gustar y lo que no a aquella persona concreta, a aquella familia específica o aquel modelo típico de familia o persona, a aquella población, a aquella comunidad, a cada país, todos bajo el control de la nube.

Pagar por no ver publicidad

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Pagar por no ver publicidad

Para mayor enfado del que con perspectiva en ocasiones ve, ahora atónito observa como redes sociales donde diariamente «regalamos» nuestros datos y prostituimos nuestra privacidad, ahora encima nos van a querer hacer pagar por ello, y de no querer pagar nos van a limitar las opciones o inundar de publicidad.

La publicidad te hace perder tiempo, cuando tu tiempo es valioso, la publicidad te hace llegar ideas que pueden ser proclamas, la publicidad quieras o no, nos manipula, nos condiciona.

Sí, el modelo de YouTube, aunque hay muchos otros, es el de siempre, primero alistó a millones de creadores de contenidos para que gratuitamente les llenasen de contenido de calidad su idea, un simple reproductor de vídeo online, y lo consiguieron, tanto que recibían visitas a raudales para ver los contenidos que sus trabajadores gratuitos publicaban, y pensaron como convertir ese tráfico en dinero, monetizar lo llama.

Comerciaron con un trabajo gratuito que creadores de todo el mundo desempeñaban, confiados en que se iban a ganar bien la vida con ello, y en YouTube comenzaron a mostrar publicidad al que visitaba su página de vídeos, a los creadores los hacían partícipes del negocio con un porcentaje bajo y ruin sobre cada visionado de anuncio y con unas reglas estrictas para poder conseguir el pago y pertenecer en su sistema, de lo contrario te cancelan la cuenta y no puedes ni preguntar el motivo, no recibirás respuesta alguna.

Ahora estos mismos de YouTube, como consumidor de contenido, no como creador, vas a ver un vídeo y te inundan a publicidad, al igual que otras redes, eso sí, si quieres dejar de ver dicha publicidad que puede resultar asfixiante, hasta tres anuncios seguidos para ver un clip de 10 minutos, te dan la opción de pagar, de sacarte una nueva suscripción más por no ver su publicidad.

Increíble, trabajadores gratis, ganancias por publicidad y ganancias por no publicidad.

Y es que a uno de vez en cuando se le pasa la idea por la cabeza de bajar de la nube, de abandonar prácticas que se han arraigado en nuestro día a día durante los últimos 10 o 15 años, donde de nuevo hemos pasado de hacer cosas por gozo a hacerlas por tener notoriedad.

La notoriedad es debilidad

Sin ir más lejos, hemos pasado de disfrutar haciendo unas pocas fotografías a hacerlas en cantidades innecesarias y de forma mecánica y prácticamente automatiza, de comunicarnos por necesidad a comunicarnos por necesidad de ser vistos, llenando las redes sociales de contenidos tan banales como innecesarios, total por inercias, por imitación, por hacer lo que hacen otros.

El ser humano tiende a querer ser aceptado socialmente a toda costa ¡qué error! aquí es donde Groucho Marx nos podría, ahora ya desde la tumba, repetir aquello de:

Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo

Groucho Marx

Eso es lo que principalmente me parece a mí con el concepto de la nube, un lugar que, si bien aporta algunas ventajas, pero cuyo resultado puede en ocasiones ser del todo catastrófico y que al final parece que nos va a implicar un nuevo gasto y convertirse este en constante.

Nuevos tiempos nuevos negocios

Las suscripciones son el oro del siglo en el que estamos ya inmersos y avanzados y es que a poco nos dan los cuartos.

Tiempo atrás, hablo de finales del siglo XX, comprabas un bien tangible o intangible, y los disfrutabas sin volver a pagar por él al mes siguiente, ni al otro también, ahora eso queda atrás.

Por ejemplo, las películas y las series que coleccionabas en vídeos VHS, Betamax, DVD y ahora están llenándose de moho, ya no las visionas, incluso probablemente no tengas ni reproductor de vídeos DVD o similar, todo es streaming, Netflix, Prime Vídeo, Disney, etc.

De repente tu serie o película favorita caduca en la plataforma a la que estás suscritos y te quedas sin poderla ver, esto antes no nos pasaba, y es que la nube, además de comodidad y alimento para tu holgazanería. ¿Qué te aporta realmente?

Las herramientas para el trabajo digital más de lo mismo, hoy dependemos de si hemos pagado o no la suscripción, de nuevo dependemos de la nube, a veces de herramientas gratuitas de las cuales nos hacemos eco en este medio y es que pueden resultar maravillosas, mientras funcionen y paguemos o mientras no dejen de existir.

Luego está ese espacio de almacenamiento en la nube donde guardar tus documentos, tus fotografías, tus vídeos, y claro es que es cómodo poder acceder a ellas desde cualquier dispositivo, incluso estando fuera de casa, pero que, si bien al principio resulta gratuito, llega un momento que lo llenamos y claro, si quieres más otra suscripción deberás pagar.

Imagina que un día internet falla, y pasan las horas, y los días y no se soluciona… lo perderemos todo, bueno eso es casi imposible y es que creo yo que de darse un problema de tal magnitud las Google, Microsoft, Apple, Amazon ya se preocuparían por restablecer la red, les va el negocio en ello.

Eso sí, mientras tanto, al igual que los que nos pasó durante la pandemia, las suscripciones nos la seguirán cobrando un mes si y al siguiente también.

Total, que miras tu salario, que mengua proporcionalmente a lo que la inflación sube, le restas lo que impepinablemente debes gastar para pagar el alquiler, la hipoteca, ese techo que te da cobijo, los servicios mínimos esenciales para la vida, para el beber, para el comer, y luego llega internet, otro gasto periódico para seguir restando a base de suscripciones.

Al final todos, con esto de la nube y las suscripciones, vamos a ser un poco más pobres.

Claro que, si luego a esa nube la asaltan, a ese servicio al que estás suscrito y pagando o que lo sustentas con el consumo cada vez mayor de anuncios, le llega el día que un grupo de hacker se adentra y sufren un robo de información, pues nada, a seguir pagando y callando.

Incluso a través de esos datos robados podrán llegar a otros, somos animales de costumbres y no sabemos tanto de seguridad como sería aconsejable, así que si reutilizamos contraseñas podemos quedar expuestos a un secuestro de datos, o a una suplantación de identidad, y con ello una pérdida de identidad total en la nube.

Yo soy el primero que peca de un uso abusivo de la nube, y es que estoy escribiendo este artículo directamente en la nube, la productividad así me lo exige, si dispusiese de tiempo para hacerlo de otra manera no tengo tan seguro que no lo haría. Malditos animales de costumbre, esos simples humanos.

Consumo contenidos digitales en la nube a diario, apenas leo prensa tradicional, apenas presto atención a las noticias de TV, me comunico por mensajería instantánea, estoy en grupos de redes sociales, el correo electrónico lo leo en la nube, y para más colmo estoy enfrascado en programación guiada por IA, además genero habitualmente contenido para otras webs mediante IA, soy el exponente de humano que si no está vive la mayor parte de sus horas despiertas flotando en las nubes

A veces pienso en bajar de las nubes, porque desde que ascendí a ellas no he parado de someterme a una terrible realidad sin apenas protesta a sus condiciones y las ventajas, a la postre no es que no sean tantas sino que las desventajas parecen cobrar peso conforme el tiempo avanza.