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Crítica serie La Orquesta

Crítica serie La Orquesta

Genial serie danesa de 10 capítulos enmarcada en el género de comedia aunque su creador no tiene reparo alguno en criticar cierta tendencia actual donde por tratar de ser igualitarios dejamos de ser equitativos y sinceros.

La Orquesta es una serie que recomendamos ver sí o sí, y sobre todo dejarse llevar más allá del segundo capítulo, momento donde historia y personajes se convertirán en un soplo de aire fresco bien diferenciado ante la gran cantidad de producto clonado y embotellado americano que sin sentido alguno nos roba horas de nuestro entretenimiento que bien nos podríamos ahorrar, mejorando así en cuestiones no banales, como nuestra salud mental y así dedicarle tiempo a nuestra cultura europea.

Una orquesta por dentro

Gracias a esta serie conoceremos las interioridades de una gran orquesta, hablamos de nada más y nada menos que de la Orquesta Sinfónica de Copenhague.

Podremos conocer, aunque tan sólo muy por encima el funcionamiento y alguna de las interioridades de una orqueta sinfónica de gran reconocimiento.

Como en cada espectáculo expuesto al público donde sus integrantes deben componer un esquema y estructura concreto, este se vuelve internamente competitivo, algo que choca para los que vemos el arte desde la butaca y no desde dentro, una perspectiva interesante la que se nos brinda, donde la revalidad, la arrogancia, la sociabilidad e incluso el amor es puesto en escena a veces con descaro y sin mayor sensibilidad que el estar por delante del resto.

Entre lo patético y lo borde

En la serie observaremos dos enfoques bien diferentes a la hora de afrontar las relaciones sociales, una la de Jette, el nuevo directivo al tratar de resultar ante todo agradable y complaciente hasta extremos inauditos, patéticos diría, ya que lleva esta complacencia más allá de sus propios principios llegándose a degradar como persona tanto en público como en privado.

Eso es algo que no deja de ser tan patológico como el extremo contrario, el del otro personaje protagonista Bo, quien con unas grandes dosis de arrogancia y cero tacto social eructa cada pensamiento sobre la persona con la que conversa sin tomar consciencia del mal que puede llegar a crear en el resto de personas que le rodean.

Como tercer eje, sin tanto protagonismo pero con una clara presencia en los primeros capítulos está el del personaje de éxito, que por ser guapo y tener contrastadas dotes sociales se le permite acceder de forma fácil al éxito incluso estando por debajo en cuanto a aptitudes para ello en relación a aquellos que señala y menosprecia para su mayor ego y gozo.

La sociabilidad humana contra las cuerdas. El querer agradar con el querer ser y el ser sin querer.

El creador de la serie

Esta serie sale del genial talento de Adam Price, quien fuese también el creador de otra de esas series que recomendamos ver encarecidamente, me refiero a Borgen, sobre la que ya escribimos en el pasado.

Puede parecer una comedia al uso, pero es realmente una tragicomedia en la que a poco que nos esforcemos podremos ver en ella un claro mensaje, o más de uno, eso depende de cada espectador.

Contracrítica de contratendencia

El prota de la serie, el arisco Bo, sí Bo, sin otra letra «b» al final, es una de esas personas que hoy en día denominamos como «persona sin filtro», ¡vaya! que te suelta lo primero que le pasa por la cabeza.

Con ello el creador de la serie subraya que Bo no puede hacer uso de esa agradabilidad forzada que en algún momento todos o casi todos hacemos gala conscientes de que nos podemos adentrar de lleno en los mundos de la hipocresía y la mentira.

Bo en cambio no puede bajo ningún aspecto intentar ser agradable en sus respuestas y comentarios, es lo que también denominaríamos un borde patológico, un aspecto del carácter humano que hemos visto curiosamente en otras series de origen nórdico como la serie El puente (Brohen), aunque no es nada propio y exclusivo de estas latitudes del norte de Europa ya que en otros continentes también se da, como el protagonista de House, quien quiza fue uno de los que hicieron un mayor uso de este «sin filtrismo«.

Sin embargo el enfoque nórdico visto en La Orquesta de esta digamos patología social, es siempre más creíble y cercano no cayendo en la excesa y repetitiva parodia a la que House nos sometía y donde es el único eje vertebrador de su humor negro.

El creador de la serie La Orquesta aprovecha esa personalidad sin filtros del prota para como mínimo señalar, no se si me atrevería a decir criticar, las tendencias actuales relativas a la inclusión y perspectivas de género y raza.

Concretamente acusa a dichas tendencias, a veces palpablemente desmesuradas, donde por ejemplo la alumna de Bo sería mejor valorada en una prueba de aptitudes por el hecho de ser zamba, para los que no lo sepan tener uno dos pies torcidos hacia dentro, en forma de cuña.

Lo sería porque con ello hace gala de una minusvalía, algo que se beneficia de mayores personalidades, pero es que la cosa no queda ahí, ya que menciona que todavía esta obtendría todavía un mayor éxito si además de zamba fuese negra y lesbiana.

Eso es toda una exposición de algo que muchos observan y que en su escala en parte es así, sin ir más lejos en ofertas laborales se premia el hecho de pertenecer a un grupo minoritario como es de la personas con minusvalía, a veces de forma restrictiva, supongo que por equidad pero es constatable que a veces es requisito indispensable para acceder a determinados puestos.

De forma más general y en muchos más ámbitos parece que ahora todo se hace o se debe hacer desde una perspectiva más encasillada donde si no empleas a cada momento el lenguaje impuesto, en lo relativo al inclusismo y lo igualitario, puedes parecer un ser como mínimo detestable. Lo que me duele, cuando quizá sólo lo obvies porque no lo tienes presente, por no pertenecer a esos grupos o por no haber sufrido ese lastre, pero de eso a que te obliguen a hacer el esfuerzo por ser inclusivo e igualitario a cada momento, tampoco.

Del mismo modo el autor de esta serie se ensaña sobre aquellos cuyo mayor éxito técnico y artístico que el de otros viene impulsado por sus mayores dotes sociales.

Y es que de nuevo, el ser políticamente correcto, según la imposición de la tendencia, y cumplir con todos y cada uno de los preceptos éticos, morales y sociales es, desgraciadamente, indispensable para el éxito actual.

De alguna forma el creador de la serie no se está de criticar que si no cumples esos ciertos cánones afines a las tendencias actuales directamente te encontrarás fueras del circuito.

El reparto de la serie La Orquesta

Las actuaciones de nuevo, por todo lo alto, y es que en el norte de Europa tenemos actores de gran calibre que pese a contar historias sencillas y dejar alardes técnicos de lado, en cuanto a efectos especiales, son capaces de hacernos creer plenamente en cada uno de sus personajes e historias personales, laborales y de cualquier ámbito.

Como personajes protagonistas tenemos dos, el nuevo y recién ascendido, Jeppe y el integrante de la orquesta,a el segundo clarinete Bo.

Jeppe el nuevo director adjunto de la orquesta es interpretado por Jasmun Bruun de forma ejemplar es un personaje tan patético como afable, el es todo bondad, y lo de ser bueno y agradable lo intenta ser cada vez más, quiere caer bien, llevarse bien con todos incluso cuando el desprecio que exhala el resto se dirige con fuerza hacia su persona, su esencia prevalecerá a lo largo de toda la serie, con momentos de absoluta comedia.

Bo, interpretado por Frederik Cilius, que no es el intrumentista principal de la orquesta en su instrumento, el clarinete, debe vivir a la sombra del denominado primer clarinetista, Simon, quien dadas sus grandes dotes sociales estará siempre por encima de él, y se lo hará saber y recordar a cada momento, un personaje también el de Simon magistralmente interpretado por Caspar Phillipson.

Sin embargo Bo es un genio, un genio que a su edad todavía vive bajo el amparo de su estricta madre Vibeke, intrepretada por Ina-Miriam Rosenbaum, quien cree en el ciegamente pero que lo hace hasta un punto enfermizo.

La mujer de Jeppe, Regitze, interpretada por la bella Neel Ronholt está ciertamente dada al alcoholismo y a las relaciones extramatrimoniales, entrando también así en otro cliché nórdico, donde el alcohol es solución para el frío y los problemas firma también un digno papel.

No obstante, si tuviese que elegir el mejor personaje bajo el género de la serie, la comedia, estaría difícil entre el papel de Jeppe y el de su jefa Gertrud, y es que Lise Baastrup me ha hecho reír prácticamente a cada frase, a cada comentario de los que vierte en la serie, una gran aficionada a las carreras de Monster Truck, hilarante personaje.

El resto del reparto tiene papeles menores, pero que aúnan un propuesta equilibrada y totalmente creíble.

¿Dónde ver la serie La Orquesta?

En Filmin.