El uso de WhatsApp

WhatsApp, WhatsApp, WhatsApp. Con tanto uso de WhatsApp vamos acabar todos sin dirigirnos la palabra.

Desde la aparición de esta revolucionaria tecnología de la información, parece imposible recordar cuándo fue la última vez que mantuviste una conversación telefónica con alguien. Y, ya no solo me refiero a nivel personal, sino que incluso un alto porcentaje de empresas comerciales utilizan esta herramienta para comunicarse diariamente tanto con clientes como con proveedores.

¡Ayyy! ¿Dónde fue a parar la sensación “en espera” tras coger el teléfono, marcar el número deseado y obtener una respuesta inmediata al otro lado de la línea? ¿Dónde? ¡Ayyy! ¡Maldita nostalgia!

Ahora eso ya no es necesario, solo falta con escribir o “mal-escribir” lo que se te ocurra por la cabeza, vamos, lo que te interese consultar, preguntar, saber… en ese momento y, esperar respuesta en directo (si tienes suerte), o en diferido. Y, ya está. No es necesario mediar palabra. Solo con el gesto de pulsar en tu teclado ya es suficiente para mantener cualquier tipo de conversación con los demás.

¿Qué diferencia existe entre escribir un mensaje de WhatsApp y enviar un e-mail?

Y, ¿qué diferencia existe entre escribir un mensaje de WhatsApp y enviar un e-mail?, ¿eh?, ¿qué?

Pues que cuando envías un e-mail, normalmente, no sueles obtener una respuesta al instante, sino que más bien se produce un tipo de comunicación “en diferido”. Bueno, aunque no siempre ocurre de esa manera, en otras ocasiones, sobre todo en el ámbito laboral, el flujo de e-mails puede ser constante y fluido si así la situación lo requiere.

Pero, si hablamos del ámbito personal, en este caso, cuando nos enviamos e-mails la reciprocidad de la comunicación no suele ser instantánea. Además, el envío de e-mails responde más a una necesidad de consulta o envío de información más detallada, concreta y diferente del que estaríamos haciendo con el WhatsApp.

Pero, además, ¡de qué estoy hablando!, ¡si lo que hemos hecho es sustituir el uso del e-mail y del teléfono por el omnipresente WhatsApp!

Entonces, ante la pregunta que se nos formulaba anteriormente sobre qué diferencia existe  entre un mensaje de WhatsApp y uno de e-mail, podríamos responder qué, este segundo – el email- se nos está quedando algo obsoleto. Sí, sí, cuesta decirlo, pero es una realidad palpable, al menos en su uso personal y cotidiano.

En el ámbito profesional ya es otra cosa, pero aun así, yo diría que estamos ante una especie en vías de extinción. O, como diría Darwin, si el planteamiento o el procedimiento de envío de e-mails no evolucionan y se adaptan a la naturaleza cambiante de este entorno en el que vivimos, ahora, en los inicios del siglo XXI, me temo mucho que iremos viendo progresivamente un adiós a esta forma de comunicarnos… Aunque, quizá, por otro lado, me esté pasando un poquito, no sé, ya veremos…

Bueno, a lo que íbamos… la omnipresencia del WhatsApp es una realidad contundente. Si tú, en estos momentos, no estás conectado o, no tienes la posibilidad de recurrir al WhatsApp: en cualquier momento, estés donde estés, haciendo lo que estés haciendo, entonces, querido amig@, realmente tienes un serio problema, y es que no estás en este mundo, tú estás muertx! 🙂

¡Ayyy! ¡Maldita nostalgia! Algunos diréis, bueno, te estás pasando. Eso que dices de que ya no puedes mantener una conversación telefónica con alguien porque el WhatsApp se lo ha “cargado”, tampoco es cierto porque existe la opción del micrófono, ya sabes, puedes comunicarte con quien quieras mediante los mensajes de voz. Vale, entonces yo te diré, sí, pero eso tampoco es una conversación oreja-oreja.

Utilizando WhatsApp para realizar mensajes de voz tampoco puede considerarse que se esté manteniendo una conversación telefónica al uso, vamos, como las de antes. Lo que se está haciendo es sustituir las cuerdas vocales por el teclado físico. ¿Qué es práctico y útil? Sí.

¿En qué ocasiones solemos utilizar los mensajes grabados de voz en lugar de teclear dichos mensajes? Pues se me ocurren varios:

Primero, pues cuando no se dispone de mucho tiempo para ir tecleando lo que queremos decir. Segundo, cuando somos más bien torpes en el uso de un teclado minúsculo, como es el caso de los móviles, y vamos más rápido simplemente diciéndolo. Tercero y aunque suene un poco extraño, puede darse la situación que por las condiciones “lumínicas” del entorno en donde nos encontremos, es más cómodo grabar un mensaje que escribirlo. Cuarto, que seamos una de esas personas que nos encanta hablar, y no nos importa ir grabando mensajes constantemente, para enviarlos, igualmente constantemente, a sus destinatarios. Quinto, porque realmente estamos manteniendo una conversación “online” con alguien, y hemos establecido mantenerla de esa manera, a base de ir grabando nuestras preguntas-respuestas-afirmaciones-dudas o lo que sea. Además, en este último caso puede darse la “conjuntiva” de todos los otros aspectos que hemos comentado justo hace un momento: no tenemos mucho tiempo, somos torpes escribiendo, no hay luz suficiente y nos encanta hablar…,¡o no! Puede darse el caso de que concurran otras casuísticas que desconocemos, y es que, WhatsApp es todo un mundo y aparte.

Por otro lado, luego está la opción de vídeo llamada de WhatsApp, activa desde el 2016, la cual permite la comunicación visual entre personas alrededor del mundo, y, además, ¡GRATIS!. Lo dicho, la omnipresencia de WhatsApp ¡asusta! ¿Qué hacemos con Skype…?

Del mismo modo, también sabéis que podéis sincronizar vuestro WhatsApp móvil con vuestro ordenador. Lo único que tendréis que hacer es introducir un código QR y seguir las instrucciones. Una vez instalado, podréis usar el WhatsApp desde el ordenador teniendo cerca de vosotros el móvil para que se produzca la sincronización de datos.

El origen de WhatsApp

En realidad el origen de WhatsApp es muy joven si hablamos en términos históricos. Apareció por primera vez en el 2009 a manos de Jan Koum, el cual ya había trabajado como jefe de operaciones para la empresa multinacional Yahoo!

Unos años más tarde, en el 2014, Mark Zuckerberg, ya sabéis, el dueño de Facebook e Instagram, adquirió WhatsApp. Y es que, no hay nada como tener buen ojo para las oportunidades, además de poseer unos cuantos miles de millones de dólares, claro! 🙂

Y, bueno, desde entonces para acá, ya sabéis: podéis hablar y veros entre vosotros, sin importar la distancia, el lugar y la situación que os encontréis, ¡totalmente gratis! ¡¿Quién da más?!

¿Qué pasó con las llamadas?

Pero, pero, pero… decidme, ¿con la llegada de esta impresionante y potente tecnología revolucionaria del WhatsApp, no echáis un poquito de menos tener alguna conversación a la última usanza?, ¡eh!; no os preguntáis, ¿qué pasó con las llamadas?

Me explico: reconociendo la practicidad y utilidad del WhatsApp, quién iba a querer retroceder, ¿no? Pero, ¿no os sucede, a veces, que extrañáis el contacto “vocal” con vuestros semejantes? Sobre todo en fechas especiales, ¿no? Fiestas, aniversarios, fechas señaladas…, en fin, que sé yo, me refiero a esos momentos concretos de la vida que se caracterizan por su singularidad.

En esos casos sentir la cercanía humana, las voces entrecortadas, las dudas, las emociones reprimidas o no; es decir, sentir esa parte más “fisiológica” (si queréis llamarle de alguna manera) de vuestro interlocutor, ¿de verdad que no echáis de menos esas sensaciones?

Creo que como dijo un ilustre y reconocido filósofo universal allá por el siglo XVIII, como fue nuestro querido Immanuel Kant, una de las características del ser humano es: “la insoportable sociabilidad del hombre” (o algo muy parecido), precisamente, en la actualidad, esta sentencia posee una vigencia pasmosa entre los entresijos de las nuevas comunicaciones.

Dicho esto, What’s up?!